ESTADOS UNIDOS: La esclavitud sexual: la otra cara del
tráfico humano Fuente:
El nuevo Herald (26 dic. 2009) Por LAURA BAUER/MCT Lucero averiguó que la mujer
había venido a Estados Unidos en busca de un college para su hijo
adolescente. Había venido legalmente como parte de un programa de
intercambio cultural pero aquí su vida tomó un giro inesperado
y horrible. Forzada a trabajar en un salón
de masajes, terminó siendo arrestada por prostitución en una
parada de camiones entre Kansas City y St. Louis. Sólo un ojo experto como el
de Lucero pudiera ver algo que los policías del Condado de Boone
pasaron por alto y que la mayoría de los policías no están
entrenados para percibir. "No era un prostituta'', aseguró
Lucero, una coordinadora de programas sobre abuso sexual en un albergue
de violencia doméstica en Columbia. "Es una víctima del
tráfico humano''. Y, sin embargo, la mujer lleva cinco
meses en la cárcel. Cuando EEUU asumió una posición
mundial de liderazgo ante el tráfico humano en el 2000, los legisladores
querían rescatar a las extranjeras convertidas en esclavas sexuales
en suelo estadounidense. En demasiados casos, sin embargo, eso no ha sucedido. En sus seis meses de investigación
sobre la efectividad de EEUU en la guerra contra el tráfico humano,
The Kansas City Star encontró que el sistema originalmente designado
con el tráfico humano en mente frecuentemente no tiene éxito
en contactar a esas víctimas. Algunas son erróneamente identificadas
como prostitutas y terminan o bien perdidas en el laberinto de la burocracia
penal o de regreso a las calles. Sin embargo, aun cuando sean identificdas
por la justicia, algunas se niegan a pasar por el proceso de encausar a
sus traficantes, demasiado atemorizadas o desconfiadas para revelar los
horrores que han sufrido. Los críticos se quejan de que la ley de
EEUU es esencialmente defectuosa porque vincula la ayuda a las víctimas
con su disposición a ayudar en los encausamientos. "Nadie ve la situación
como realmente es'', declaró Karen Stauss, abogada del Proyecto Polaris,
una organización contra el tráfico humano radicada en Washington
D.C. ‘‘Es como si estuviéramos diciendo: ‘le echamos
la culpa a usted por lo que está sufriendo' ''. El gobierno también ha sido
lento en reconocer una clase emergente de nuevas víctimas: las jóvenes
norteamericanas. Mientras todos los años se gastan millones en la
lucha contra el tráfico internacional, los legisladores todavía
no han aprobado fondos para las víctimas nacionales, quizás
la clase de víctimas del tráfico humano en más rápido
crecimiento en el país. Los expertos consideran que las actuales
leyes federales y estatales son instrumentos burdos a la hora de tratar
de afrontar la complejidad de una empresa criminal global, y no toman en
consideración el trauma de las mujeres víctimas de abuso sexual.
De todos los delitos de tráfico humano, según descubrió
The Star, los que implican la esclavitud sexual han demostrado ser los más
difíciles cuando se tratar de capturar y encausar a los traficantes. La Ley de Protección a las
Víctimas del Tráfico "no está creando el ambiente
legal que pueda prevenir el tráfico humano'', indicó Norma
Ross, de la Coalición Contra el Tráfico de Mujeres. "Es
una ley federal que realmente no es muy útil para lo que debía
serlo: para terminar con el tráfico humano''. Una ulterior complicación es
que se supone que los agentes de la Policía de Inmigración
y Aduanas (ICE) no sólo detecten las víctimas de un posible
tráfico humano sino que también acaben con la inmigración
ilegal, lo que algunos perciben como un conflicto de intereses. "Como mínimo, eso crea
‘una contradicción inherente' '', según Kristyn Peck
Williams, coordinadora de campo del programa de servicios contra el tráfico
humano de la Conferencia de Obispos Catolicos de EEUU. "La ICE hace el operativo pero
también son los que están en posición de identificar
las víctimas el tráfico'', indicó Williams. El contacto inicial con las potenciales
víctimas es crucial, aseguran los activistas. Si los agentes emplean
el mismo comportamiento duro que usan para investigar otros casos, pueden
traumatizar a las víctimas y destruir el caso. En cierta ocasión, un agente
federal en el sur de EEUU entrevistó a una extrannjera recogida en
un asalto a un burdel. "¿Así que era una prostituta?",
le preguntó el agente durante la investigación. Un abogado de inmigración en
la sala le dijo a The Star que la mujer automáticamente dejó
de hablar. Posteriormente, fue deportada. "He visto muchas mujeres que
han recibido ayuda pero muchas no'', afirmó el abogado, que no quiso
ser identificado por temor a represalias de la policía. Sin el enfoque correcto, una víctima
del tráfico puede verse reciclada en una vida de esclavitud. Desde la aprobación de la Ley
de Protección de Víctimas del Tráfico hace casi una
década, las víctimas extranjeras han estado en el centro mismo
de la ley. Reciben amplia aesoría, ayuda para pagar sus visas y los
costos de alimentos y vivienda mientras reconstruyen sus vidas. Para las víctimas nacidas en
EEUU, sin embargo, se esperaba que los gobiernos estatales se hicieran cargo
de ocuparse de las menores prostituidas por proxenetas o por miembros de
la familia. Pero eso sucede muy poco, descubrió
The Star. "Uno habla de frustración'',
indicó Thomas Egan de las Caridades Católicas de Phoenix.
"Encontramos cientos de menores prostituitas pero no había fondos
para ayudarlas''. Con las víctimas extranjeras
del tráfico humano, la frontera entre la víctima y el delincuente
tampoco está clara.
KANSAS CITY
Sentada en la cárcel del Condado de Boone, la mujer china no le parece
una delincuente a Kelley Lucero.