URUGUAY: La esclavitud
escondida Fuente: Boletín
Alianza por tus derechos (23 sept. 2009)
Como lo indican estudios realizados por la Red Uruguaya
de Autonomías (RUDA) y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia
(Unicef), este fenómeno no es propio de excluidos ni está
asociado a comportamientos desviados de pervertidos o enfermos. Cifras del gubernamental Comité Nacional para la Erradicación
del Trabajo Infantil indican que 34.000 de los 527.000 uruguayos de entre
cinco y 17 años ejercen alguna labor. En ese universo aparece la
prostitución, una forma de "esclavitud contemporánea"
según la Convención sobre los Derechos del Niño aprobada
en 1989 y ratificada el año siguiente por este país de 3,3
millones de habitantes. "Es un secreto a voces, unos lo minimizan y otros lo maximizan",
dijo a IPS Andrea Tuana, directora de El Faro, un programa del no gubernamental
Foro Juvenil orientado a trabajar con situaciones de violencia doméstica
y abuso sexual intrafamiliar, que funciona desde 1997 y hace un par de años
empezó a recibir derivaciones de situaciones de explotación
sexual comercial. ¿Cómo se establece esa invisibilización?, ¿cuáles
son los mecanismos que llevan a que una situación tan grave permanezca
impune?, consulta IPS a la experta, quien explica que "los casos llegan
y los relatos también, pero hace falta una investigación policial
profunda para acceder a los lugares adónde se produce". "Una de las patas de este problema tiene que ver con la ausencia de
un equipo de policías especializados capaz de investigar este problema
y sacarlo a luz", apuntó. La calle, bares, prostíbulos, supuestas casas de masajes, clubes
nocturnos, hoteles de lujo, estancias turísticas y la propia vivienda
son algunos de los ámbitos donde tradicionalmente se desarrolla el
trabajo sexual. En todos ellos se produce algunas veces la explotación
sexual comercial de niños, niñas y adolescentes de manera
encubierta. "Es difícil identificar adónde están. Por relatos
de ellos mismos sabemos que a veces trabajan en algunas rutas determinadas,
en plazas de Montevideo, en casas de particulares donde se hacen las conexiones
entre clientes y en locales bailables", dijo Tuana. EL CLIENTE TIENE PROTECCIÓN El hecho de que la legislación uruguaya penaliza el proxenetismo
y no al cliente, actúa como dispositivo de permisividad. Existe sanción
social hacia la paidofilia, pero no cuando el prostituido es un adolescente.
La abogada en derechos del menor y en temas de género Diana González,
explicó a IPS que, sin embargo, Uruguay dio un paso muy importante
en septiembre de 2004 cuando aprobó los tipos penales básicos
relativos a la explotación de menores de 18 años y contempló
a las personas con discapacidad. "La ley 17.815 prevé el delito de explotación sexual
comercial tradicional, la pornografía infantil en todas sus formas
y se ocupa de la figura del consumidor o cliente. Deja claro que por debajo
de los 18 años toda forma de comercialización con el sexo
de las personas es un delito". Para González, en la base de los delitos comerciales subyace el
abuso sexual y el atentado violento al pudor. Muchas veces no se puede probar lo comercial, pero si la conducta sexual
abusiva, que "la tenemos regulada bajo un paradigma que no es correcto
y que incide en todo el sistema de justicia penal. Todavía está vigente la vieja normativa del Código
Penal de 1930 por la cual los delitos sexuales no eran considerados contra
una persona determinada sino contra la moral social y las buenas costumbres,
comentó la profesional. Entonces, hay delitos que no se consideran de abuso sexual sino atentados
al pudor", explicó, para luego agregar que si no cambiamos esta
normativa seguiremos viendo la sexualidad como un tema de imagen social
y no desde la perspectiva de la persona afectada. El cambio en la redacción fue encomendado a una Comisión
de Reforma del Código Penal que ya entregó su proyecto al
parlamento para modificar los capítulos y poner a la violencia sexual
como un delito grave contra las personas, inexcarcelable y penado con un
mínimo de dos años de prisión y un máximo de
20 años. Tanto González como Tuana destacaron, por otra parte, la creación
a comienzos de este año de los juzgados contra el crimen organizado,
a los cuales se les asignó la competencia en estos temas y se manejan
con un estatuto de protección especial por añadidura, así
como con magistrados con gran capacitación y compromiso. "Eso es fundamental, porque los y las adolescentes tienen miedo y
reparos a la hora de denunciar, puesto que se sienten ambivalentes ante
esa figura que es en definitiva el proxeneta", dij Paralelamente a los avances de Uruguay para criminalizar el tema, se creó
un Comité y un Plan Nacional para la Erradicación de la Explotación
Sexual Comercial de Niños, Niñas y Adolescentes. Rodolfo Martínez, representante del Ministerio del Interior en el
Comité, indicó a IPS que el plan tiene cuatro componentes:
prevención, restitución, atención y protección.
Además prevé la creación de dos unidades especializadas
en abordar esta problemática, una con policías y otra en el
Instituto del Niño y el Adolescente del Uruguay (INAU) para tratar
a las víctimas. Pero este Plan aún no tiene recursos para implementarse, como tampoco
hay servicios de atención a las víctimas de este problema,
cuestionó. Igual, Martínez destacó que han sido enjuiciadas 30 personas
desde 2004 por la ley 17.815. "Se reciben denuncias y se procesan personas,
creo que el panorama es alentador en términos de lo que se hace",
concluyó. EL CUERPO MERCANCÍA Como telón de fondo de las víctimas de este drama suele haber
distintos tipos de violencia, entre otras situaciones de vulnerabilidad
e indefensión, como abuso sexual, ausencia de vínculos familiares
positivos, falta de autoestima y pobreza aguda, aunque la sociedad que tramita
su sexualidad por esa vía atraviesa todos los estratos sociales.
Una investigación realizada en cinco países vecinos de Uruguay
calcula que 47 por ciento de las niñas explotadas sexualmente fueron
víctimas de abuso y violación. En el caso de Argentina, los
porcentajes son más altos y llegan a 90 puntos. En cuanto a Uruguay, "en 99 por ciento de los casos de explotación
sexual de menores que atiende El Faro hay antecedentes de violencia y abuso
sexual intrafamiliar", agrega Tuana. Según la representante del Foro Juvenil, las víctimas suelen
ser jovencitas con vulnerabilidades importantes. Se fugan de su casa para
terminar con abusos domésticos y maltratos o quedaron en situación
de calle. También pueden ser captadas por una persona adulta mucho mayor que
ellas, con quien establecen un vínculo afectivo, y reciben como contrapartida
casa, comida. "Hemos visto ‘gurisas’ (como llaman a los
niñas en este país) de 14 años con hombres de 50",
dijo. En el primer Encuentro Nacional Construyendo Puentes, que reunió
a diferentes actores que tratan de buscar soluciones a esta problemática
se mencionó que han quienes ingresan a la prostitución con
engaños, vendiéndoles fantasías de cambio de vida.
Están, además, quienes lo aceptan de modo consciente, lo
cual no quiere decir que no sea de manera forzosa, las que comienzan a prostituirse
por cuenta propia y como forma de desarrollar su identidad sexual, llenar
vacíos y satisfacer carencias económicas y afectivas. El estudio de RUDA reseña como resulta determinante el sistema de
dominación masculina y adultocéntrica de otros cuerpos, el
modelo patriarcal, la masculinidad hegemónica fuertemente arraigada
en el imaginario colectivo para la cual ir a buscar mujeres prostitutas
es una alternativa sexual válida comúnmente empleada. También señala como trasfondo social la heterosexualidad
compulsiva que marca la construcción de la virilidad y lleva a que
hombres que sienten atracción por otros hombres sólo tengan
relaciones con "chongos" (trabajador sexual). "Hay aspectos de la sociedad, creencias, valores y sistemas de ideas
que sostienen esta práctica social. Se produce porque hay un cliente,
una demanda. De acuerdo a lo que relatan las propias adolescentes, son personas
de variada condición socio-económica, de inserción
profesional, y diferente estado civil. Varones en su amplia mayoría",
comentó Tuana. Agregó que en el corazón del problema subyace el hecho de
que un hombre ve a un niño como un objeto de consumo, una mercancía,
así como la creencia de que "la mujer está al servicio
del varón". Para Tuana, todos esos aspectos contribuyen a la invisibilización
del problema, al igual que la falta de respuesta del Estado y las situaciones
de exclusión social, que no sólo tienen que ver con situaciones
de pobreza sino con la carencia de oportunidades, tener proyectos, acceder
a una mejor calidad de vida o a algo que debería ser un derecho inalienable,
como es tener un sueño y poder cumplirlo. (FIN/2009) En el libro "Historias en el silencio, prostitución infantil
y adolescente en Montevideo y el área metropolitana", se indica
que la utilización de menores de 18 años en actividades sexuales,
eróticas o pornográficas para la satisfacción de intereses
o deseos de una persona o grupo de personas a cambio de un pago o promesa
de pago económico (…), constituye un acto de explotación
sexual comercial infantil. Las actividades no se restringen a las relaciones coitales sino que incluyen
cualquier actividad erótica que implique acercamiento físico-sexual
entre la víctima y el explotador. El texto elaborado por Susana Rostagnol, Valeria Grabino y la coordinación
de Alejandra Saravia, para RUDA y Unicef, también especifica que
la pornografía infantil y adolescente incluye las actividades de
producción, distribución, divulgación por cualquier
medio, importación, exportación, oferta, venta o posesión
de material en que se utilice una persona menor de 18 años o su imagen
en actividades sexuales, explícitas, reales o simuladaa. La Convención
sobre los Derechos del Niño define que en la explotación sexual
comercial de los niños éstos son tratados como objeto sexual
y una mercancía. "La explotación sexual comercial de los niños constituye
una forma de coerción y violencia contra los niños que puede
implicar el trabajo forzoso y formas contemporáneas de esclavitud".
http://ipsnoticias.net/nota.asp?idnews=93391
MONTEVIDEO, sep (IPS) - La explotación sexual de niños, niñas
y adolescentes es una situación "bastante cotidiana" en
Uruguay, aunque suele pasar inadvertida a causa de múltiples silenciamientos.
La práctica, aunque es ilegal, no se encuentra en los márgenes,
sino que forma parte del entramado mismo de la sociedad.
"Contar con estos tribunales especiales es una herramienta muy valiosa
porque, más allá de estas dificultades, los jueces pueden
hacer investigaciones proactivas e investigar a partir de datos y no sólo
de denuncias de las jóvenes. La debilidad es no contar con una unidad
especializada de policía para que investigue", subrayó.
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