SUDAFRICA: Tráfico
de mujeres, prostitución y Copa del Mundo Surafrica 2010 Fuente:
Deespierta que amanece (4 jul. 2010)
La prostitución y la trata de mujeres se mueve alrededor
de estos acontecimientos en el marco del capitalismo patriarcal. Martha Yanneth Valenzuela R Tomado de La Haine Desde hace ochenta años, el campeonato mundial de fútbol,
en una espiral creciente de inversiones capitalistas, mercados de emociones,
industrias culturales, tratos geopolíticos y tráficos legales
e ilegales, concita multitudes en torno a este fenómeno deportivo
que permite múltiples abordajes. El campeonato mundial de fútbol
se institucionalizó en 1930 en Uruguay y ya han sido 18 las citas
mundiales que se han celebrado hasta este primer evento en el continente
africano. Cada uno de estos encuentros incorpora nuevos elementos instalándose
en el marco de escenarios de la globalización capitalista. Las coyunturas del desarrollo capitalista han interferido en las transformaciones
de este deporte y esto se puede ver cuando el "fordismo" de las
décadas de 1930 y 1940 -enfoque capitalista post crisis económica
de 1929- reemplazó las condiciones técnicas iniciales por
las tácticas y la sistematización de juego en equipo. El fútbol
contemporáneo es uno de los principales negocios en el marco de los
deportes profesionales haciendo alusión a la era del capitalismo
financiero con el inmenso negocio de las marcas, la publicidad y el mundo
del marketing mediático, pero también incorporando los tráficos
y consumos ilegales de los tiempos de globalización. partir de la inauguración del campeonato de fútbol 2010
con sede en Sudáfrica millones de televidentes centraran su atención
en los partidos de fútbol, mientras se ponen en paréntesis
las profundas desigualdades sociales y económicas propias del mundo
contemporáneo. En Colombia y a pesar de no tener representación
con la selección nacional en esta cita, se concentra la atención
en los encuentros de equipos extranjeros, al tiempo que se mantienen o agudizan
el desempleo, la crisis política, los escándalos de corrupción,
la violación a los derechos humanos entre otros, mientras los titulares
de telenoticieros y de prensa escrita se dedican a la descripción
de la anécdota o el gol del día, durante todo un mes. El fútbol y el campeonato se han venido transformando en mercancía.
Antes el fútbol estaba en manos de sociedades deportivas, pero desde
hace varios años las sociedades deportivas fueron transformándose
en sociedades anónimas, siendo ésta una de las grandes victorias
del capitalismo y la propiedad privada frente a la propiedad pública.
Son muchos los intereses que confluyen alrededor del fútbol y más
si se trata de un campeonato mundial, por aquí desfilan los propietarios
de los clubes, empresas deportivas, empresas publicitarias, los medios de
comunicación y hasta los jugadores de fútbol que tejen alianzas
con marcas deportivas y obtienen jugosas ganancias por publicidad. Entonces, las mayores ganancias y el mayor rendimiento de un encuentro
de masas cómo es el campeonato mundial de fútbol tienen un
carácter privado. Por ejemplo, la audiencia de los partidos finales
del Mundial de Fútbol de Alemania 2006 llegó a los 33.000
millones de telespectadores, por lo que la FIFA obtuvo ganancias de 1.800
millones de dólares procedentes de proveedores y de derechos de televisión,
destacándose así el carácter privado del aprovechamiento
de los resultados de un fenómeno que agrupa a millones de personas,
hecho que caracteriza la esencia del capitalismo: algo sucede por obra de
muchos, pero son unos pocos quienes se lucran y de modo desorbitado. El campeonato mundial de fútbol resulta ser un multimillonario negocio
que mueve 500.000 millones de dólares anuales y este año esta
en un país con el 40% de desempleo y en donde más de la mitad
de la población vive con menos de un dólar al día.
La mayoría de la población desempleada plasmó sus ilusiones
en la creciente industria del turismo que se preparó para recibir
a los miles de aficionados al fútbol. Pero las menos beneficiadas
en este país por la coyuntura futbolera son las personas que viven
por debajo del nivel de pobreza y que son la mitad de la población.
Es bien sabido que la industria turística ofrece trabajos temporales
y mal pagados, además la organización del trabajo en el turismo
fortalece las configuraciones y categorías sociales que excluyen
a los sectores marginales de la sociedad. Las jerarquías de raza,
género, edad y clase se postran en la línea discriminatoria
para la asignación de trabajos en el sector turístico. La pobreza extrema, la prostitución y la trata de mujeres son algunas
de las caras ocultas tras el mundial de fútbol en Sudáfrica,
cara que se ha querido ocultar tras campañas que el Gobierno sudafricano
adoptó para “barrer” a mendigos y prostitutas de las
calles de las principales ciudades. El Gobierno sudafricano ejecutó
el mensaje de un inspector de la FIFA, cuando declaró ante la prensa
que los espectadores no desean ver “chabolas y pobreza” en la
televisión. La principal tarea de la FIFA es abrir mercados, y el
país organizador, en este caso Sudáfrica, debe cederle los
derechos para todo, desde la publicidad y el mercadeo, hasta el control
de los espacios que rodean los estadios, convirtiéndose la FIFA en
una especie de estado soberano en los estadios en donde se juegue el mundial. Cada cuatro años se pone en juego una multimillonaria suma de dinero
de negocios lícitos pero también una incalculable suma fruto
negocios ilícitos, cómo es la prostitución unida a
la trata de mujeres. El mundial de fútbol de Alemania 2006 marcó
la conexión entre el fútbol y la compra de sexo. Junto al
alcohol Alemania se preparó para “vender”, “ofrecer”
otro “producto” de manera abierta: mujeres. Para entrar a tono
con los requerimientos de esta industria capitalista, Alemania a cuenta
de su campeonato mundial en 2006, legalizó la industria sexual. Entre
los millones de personas que viajaron a Alemania durante la copa mundial
de la FIFA 2006, muchas de ellas entraron a ese país en contra de
su voluntad, mujeres jóvenes, niñas y niños víctimas
del tráfico humano para la explotación sexual procedentes
de países pobres de África y Europa oriental. En las principales ciudades alemanas se inauguraron cientos de megaburdeles.
Por ejemplo en Berlín, a pocos metros de la conocida puerta de Brademburgo,
miles de personas visitaron la llamada “Milla del Fanático”,
un gran corredor formado por tiendas dotadas de pantallas gigantes y que
se caracterizó por la venta de cerveza y otras sustancias y por la
afluencia de turistas a prostíbulos de diferentes clases. En esta
ciudad se construyó un megaburdel de 3.000 metros cuadrados, muy
cerca del principal estadio del mundial, el cual se daba el lujo de reportar
que llegó a albergar hasta 650 clientes simultáneamente. No
fue exagerado el nombre de “Ciudad del sexo” que adoptó
por estos días Berlín. Más de 40.000 mujeres se necesitaron para satisfacer la demanda
de los burdeles adicionales que se instalaron, y más de la mitad
de ellas fueron engañadas con falsas promesas de empleos temporales
o directamente raptadas de sus países de origen, convirtiéndolas
en esclavas sexuales. A los pocos días de la inauguración
de Alemania 2006, las autoridades empezaron a recibir llamadas de mujeres
que denunciaban situaciones de esclavitud sexual y solicitaban ayuda, fueron
varios los centros médicos y clínicas alemanas que atendieron
a mujeres víctimas de violaciones múltiples y otros malos
tratos. Diferentes testimonios de mujeres procedentes de países pobres
que llegaron a Alemania denunciaron que fueron obligadas por proxenetas
a tener sexo con grupos enteros de hinchas. Varias organizaciones de carácter social y civil denunciaron el
aumento del tráfico humano con fines sexuales durante el mes que
duró el campeonato de fútbol en Alemania. Una organización
internacional feminista “Coalición Contra el Tráfico
de Mujeres” lanzó una campaña mundial para protestar
contra la promoción y el despliegue público de la prostitución
en Alemania durante el mundial. La asociación de fútbol sueca
fue presionada para que su selección se retirara del mundial, entendiendo
que Suecia tiene un rígido historial en materia de restricción
a la prostitución, ya que este país a finales de la década
de los noventa penalizó no sólo la prestación de servicios
sexuales, sino también, y de manera más severa, la compra
y distribución de éstos, todo después de una prolongada
campaña feminista respaldada por muchas parlamentarias. A pesar de las diferentes y diversas demandas por parte de la sociedad
y organizaciones de carácter feminista, el Gobierno alemán
mantuvo la despenalización junto con las consecuencias que ella trajo.
En el contexto de demandas y denuncias se criticó la frialdad de
la FIFA cuando se le solicitó que pusiera información en su
página web sobre la prostitución forzada con el objetivo de
sensibilizar al público. Voceros de selecciones como la inglesa mostraron
una indiferencia total frente al tema, en varias ocasiones declararon que
el tema de las mujeres y trata de mujeres no era de su incumbencia diciendo
que “las mujeres no nos importan”. Los mundiales de fútbol
resultaron ser la oportunidad para cambiar las leyes, no podemos perder
de vista que cualquier país que desee organizar una copa del mundo
debe someterse a la autoridad de la FIFA, lo que incluye cambios en la legislación. El campeonato mundial de fútbol en Sudáfrica tampoco se escapó
de requerimientos de esta índole. La FIFA presionó al Gobierno
sudafricano para que despenalizara la prostitución, argumentando
que los seguidores del fútbol estaban considerando ir o no a Sudáfrica
por temor a ser contagiados con el virus del sida, y que la solución
alemana: la construcción de megaburdeles en zonas claves de las ciudades
surafricanas, era la solución. Recordemos que lamentablemente Sudáfrica
ocupa el primer lugar con personas contagiadas con el virus, de aproximadamente
48 millones de habitantes, 6 millones viven con el virus. El diario británico
“The Guardian” justificó la relación fútbol-sexo,
en un informe en el que exige legalizar la prostitución en Sudáfrica
al menos durante el tiempo que dure el mundial, ya que los eufóricos
seguidores corren el riesgo de contraer VIH, si no se regula el mercado
sexual. Ejercer la prostitución en Sudáfrica sigue siendo un delito
tipificado en el que las trabajadoras sexuales deben pagar exorbitantes
sumas de dinero por multas, mientras proxenetas y traficantes siguen lucrándose
con incalculables ganancias; por algo la trata de humanos actualmente está
considerada como uno de los negocios del capitalismo criminal más
grandes del mundo. El tráfico de mujeres hacia el mercado sexual
sudafricano ha aumentado vertiginosamente por el incremento del turismo
sexual en torno al mundial. Estudios de la investigadora zambiana Merad
Kambamu, revelan denuncias y pruebas de la creciente desaparición
de mujeres jóvenes y niñas de toda la región que aparecen
en burdeles y casas de masajes en las grandes ciudades de Sudáfrica.
Silvia Mahumane, vocera de la policía de Maputo, declaró la
existencia de redes que se dedican al tráfico de mujeres vendiéndolas
a 670 dólares cada una. El espacio del fútbol se ha venido configurando cómo un espacio
socialmente construido para los arquetipos de la masculinidad del capitalismo
patriarcal, en el que se permiten manifestaciones que no se mostrarían
ni aceptarían en otros espacios, como es pagar por sexo. Por ello,
resulta repugnante la naturalización que se hace de la relación
entre compra de servicios sexuales y fútbol, arguyendo que los fans
no sólo muestran una insaciable sed de fútbol y alcohol, sino
que también demandan sexo pagado para saciar su viril fanatismo.
Así queda demostrado el espectacular triunfo del capitalismo patriarcal
que penetra los más íntimos deseos del consumo personal. Vemos entonces que la imagen femenina y el cuerpo de las mujeres se usa
cómo mercancía. La prostitución y su conexión
con la trata de mujeres se mueve alrededor de estos acontecimientos deportivos
en el marco del capitalismo patriarcal, mezcla de proxenetismo y explotación
humana que ofrece sexo al por mayor junto al estadio. La celebración
de grandes eventos deportivos como es un mundial de fútbol, lleva
asociadas agresiones sexuales a las mujeres u otras formas de violencia
de género como es la prostitución hasta un extremo que reclama
una seria reflexión. La autora es licenciada en Ciencias Sociales – UPN. Docente de Ciencias
Sociales del Colegio Entre Nubes IED. Integrante del Equipo de Trabajo Viento
del Sur. http://generoconclase.blogspot.com/