



SUDAFRICA: Cerco al Turismo
Sexual con Niños Fuente:
Boletín Alianza por tus derechos (23 jun. 2010)
30 Mil niños y niñas,
la mitad entre 10 y 14 años, son prostituidos en Sudáfrica.
Por VIRGINIA RÓDENAS .Sudáfrica, 21 Jun, Agencia
Infancia Hoy.- Fuera, millones de tarjetas rojas, símbolo futbolístico
de advertencia universal contra el que viola gravemente las normas, se reparten
por todo el país contra el turismo sexual, la explotación
y el tráfico de niños. Son reproches en plástico que
llevan impresos números de emergencia gratuitos de los servicios
de Policía y líneas infantiles para ayudar a niños
y adultos a denunciar abusos en cualquier momento y lugar. Porque en Sudáfrica,
donde 12 millones de menores viven en la pobreza y 30.000 de ellos son explotados
para la prostitución, la mezcla de diversión, relajación,
sensación de anonimato, impunidad y extrema vulnerabilidad de la
víctima hacen el caldo gordo que nutre al explotador ocasional; ese
turista borracho de relativismo moral, que lejos de su casa y su entorno
no desaprovecha la oportunidad de tener sexo con un menor. «No buscan
niños pequeños, como los pederastas -apunta Gabriel González-Bueno,
del comité español de Unicef-, sino púberes, a los
que también se dirigen en la creencia errónea de que con ellos
estarán libres de contraer enfermedades, en un país con arraigada
creencia de que el sexo con vírgenes cura el sida». Las bestias han emprendido viaje,
pero de cuántos criminales hablamos. Desde «Save The Children»,
Liliana Orjuela dice que «España es un gran emisor de personas
que explotan sexualmente a menores en Centroamérica y Asia»
y, aunque no se puede cuantificar con rigor su volumen por tratarse de una
actividad clandestina, la cifra que calculan los expertos ronda los 35.000
viajeros que cada año traspasan el límite de meterse en la
cama con un niño. De la cifra de abusados habla Unicef: más
de dos millones en el mundo. «De África hemos estudiado el
caso de Marruecos donde nuestros colaboradores a pie de calle dan cuentan
de turistas españoles que buscan niños y los piden casi como
si fueran objetos de catálogo. Pero en el caso de Sudáfrica
lo que más se teme es el peligro que procede de los países
vecinos, aunque sin minusvalorar el acecho de turistas de todas las partes
del mundo sobre una población infantil vulnerable que habita en la
calle y sobrevive a duras penas; la falta de mecanismos internacionales
legales y la ausencia e ineficacia de las denuncias convierten su explotación,
que es delito en cualquier parte del mundo, en impune». De hecho,
recuerda Orjuela, que a pesar de los números abultados, este año
sólo hemos sabido de la detención de un español, en
Brasil. El perfil del turista sexual más
habitual es el que no planifica su caza en origen, sino que acepta la ocasión
que se le presenta como una opción más de ocio. Lo describe
Ana Sebastián, responsable de Ecpat-España (ecpat-esp.org),
para quien «el hecho de viajar ya implica romper tabúes. Estos
explotadores pertenecen a todos los estratos sociales, pueden estar casados
o solteros, tener hijos, poseer un buen estatus económico o ser viajeros
de pocos recursos, de todas las profesiones y edades. Lejos de las convenciones
sociales y morales que normalmente regulan sus conductas, muchos de estos
turistas justifican lo injustificable arguyendo que el abuso es culturalmente
aceptado en el país de destino, que esos niños no tienen nada
que ver con los chicos de su edad que hay en su país de origen o
con sus propios vástagos, o excusan su conducta alegando que ayudan
económicamente al niño abusado». Ante este limbo jurídico donde
difícilmente el que la hace la paga, la Organización Mundial
del Turismo ha apelado a la «obligación moral del sector turístico
que tiene una responsabilidad especial en la lucha contra el trabajo infantil,
la explotación sexual y la trata de niños. Hay que actuar
porque no podemos seguir permitiendo que el abuso de menores viaje».
Y desde el Comité Económico y Social Europeo (CESE) se ha
exigido la creación de una base de datos lo más amplia posible
sobre los delincuentes que viajan al extranjero con fines pederastas. La
petición está basada en un informe de la ponente Madi Sharma
bajo el título «La protección de los niños que
corren riesgo de ser víctimas del turismo sexual infantil»,
donde se afirma que un 4,5% de los 842 millones de personas que viajaron
en 2006 eran agresores sexuales y un 10% pederastas. En el texto aprobado por el CESE se
establece que los derechos del niño deben primar sobre las normas
relativas a la protección de datos, impedimento legal que hace prácticamente
imposible la creación de ese fichero que facilitaría la emisión
de un mayor número de órdenes judiciales para evitar que los
pedófilos sospechosos salieran de su país. Porque Sharma lamenta
profundamente que mientras en los últimos años se han expedido
3.000 órdenes de este tipo contra «hooligans», sólo
se han cursado 30 contra violadores de niños. Pequeños destruidos,
vidas rotas. Como Vibol, que fue niño abusado en Camboya y que ahora
cuida de los pequeños de las calles de Phnom Penh: ya padre de familia
y cumplidos los 40, cuenta que no logra dormir del tirón y esta es
la hora en que no ha podido dejar de llorar. Aunque hoy el mayor esfuerzo está
puesto en Sudáfrica, como explica Marta Arias, directora de Políticas
de Infancia de Unicef España, «la preocupación por la
explotación sexual infantil es constante y global». Su organización
impulsó días antes del Mundial de Fútbol la firma por
parte de la industria turística sudafricana (desde hoteles a empresas
de alquiler de coches) de un código de conducta para la protección
de los menores; ha creado «Espacios Amigos de la infancia» con
protección para los pequeños en los FIFA Fan Fests de Soweto,
Sandton, Port Elizabeth y Nelspruit, que concentran a 45.000 aficionados
ante pantallas gigantes, y ha promovido 21 festivales de fútbol para
niños, ya que los colegios han cerrado hasta el 11 de julio. Tshepo
Mashego, de 14 años, es uno de esos alumnos. Juega al fútbol
y se entrena porque eso, dice, le ayuda a ser mejor en todas las demás
cosas de su vida. La misma esperanza de Unicef: que sus acciones en defensa
de los niños por la Copa del Mundo que disputa el deporte rey perduren
en la tierra prometida de Mandela. (Infancia Hoy) http://www.infanciahoy.com/despachos.asp?cod_des=5662&ID_Seccion=192
Que la Copa del Mundo de Fútbol no sea territorio impune para el
turismo sexual con niños es su última cruzada.
Retrato del viajero explotador
Para Sebastián también el laberinto legal internacional es
la causa mayor de impunidad. «España, con otra treintena de
países, ha adoptado una legislación extraterritorial para
poder combatir en su propio suelo los delitos contra la infancia que hayan
cometido sus nacionales en otros países. Pero la falta de denuncias
y de pruebas que las corroboren la hacen poco eficaz».