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Dos testimonios del compromiso de los religiosos enel mundo



Fuente: Agenzia Fides. (jun.2008)

En Tailandia un jesuita español rescata a miles de niñas de la prostitución. El P. Alfonso de Juan, misionero jesuita español, lleva cuarenta años en Tailandia luchando contra el abuso de los débiles. Desde hace unos años ha centrado su batalla en la ignominiosa lacra de la prostitución infantil. Solo en Tailandia hay mas de 50.000 niñas, menores de 15 años obligadas a prostituirse.

Según afirma en un artículo publicado en la revista Mundo cristiano, este es un negocio millonario, ante el que el Gobierno cierra los ojos porque cree que favorece el turismo. De este modo se ha creado toda una “industria del sexo” bien organizada con agentes que recorren los pueblos pobres comprando niñas. Cuando estas niñas llegan a Bangkok, están completamente perdidas: no conocen el idioma porque solo hablan su dialecto; las maltratan, incluso llegan a mutilarlas para que no puedan escaparse. Y acaban todas con el SIDA.

El P. Alfonso de Juan lleva a cabo un programa llamado “el clamor de mi suplica”. “Cuando conseguimos retener a ese niñas en su tierra, dándoles una educación útil, que les sirva para aprender un oficio, una profesión y el idioma, ya las hemos salvado de la prostitución porque entonces pueden defenderse”. La mejor ayuda que se les puede ofrecer es educación. Y para eso hacen falta becas necesarias para evitar que niñas de 12 y 13 años y a veces menos, caigan en ese infierno.


- Suor Margaret Mary Okereke, perteneciente a las religiosas del Sagrado Corazón de Jesús, de origen nigeriana trabaja en Castelvolturno desde el 2001 para ayudar a mujeres de su mismo país obligadas a la prostitución, según informa un artículo de la revista “Jesus” de septiembre del 2003. Son miles las mujeres nigerianas que se encuentran en Castelvolturno metidas en la prostitución, esclavas de ritos vudú de las madame. Pero desde que llegó Sor Margaret las cosas han cambiado enormemente. La religiosa las ayuda, con la oración, a superar el miedo y aprendiendo un oficio, recuperan la esperanza. Para entrar en contacto con ellas, esta religiosa, junto con otras de su comunidad, salen a la calle hacia las 10 de la noche hasta las dos y se acercan a las chicas nigerianas. “Hablamos con ellas, les llevamos la Palabra de Dios y les invitamos a rezar y a cambiar su existencia”.

La reinserción es la fase más difícil de programa - explica Sor Margaret. “Después de seis meses en el Centro la chica recibe un permiso de estancia. Pero sin trabajo no hay perspectivas de vida”. En estos años han sido acogidas 32 chicas en el centro y 27 han encontrado una solución laboral .