Entrevista a Sor Eugenia Bonetti responsable del sector trata en la USMI
Fuente: Agenzia Fides. (jun.2008) Sor Eugenia Bonetti pertenece
a las Misionera de la Consolata. Ha estado 24 años de misionera en
Kenia (África). Desde 1993 trabaja en el sector y desde el año
2000 en las oficinas de la USMI en el sector especifico de la “trata
de mujeres y menores para la explotación sexual”. El conocimiento
de la lengua y de la cultura africana le ha permitido un mayor acercamiento
y contacto estas mujeres africanas tan abundantes en Italia -El problema del trafico y la explotación de la mujer
constituye actualmente un verdadero drama. ¿Qué desafío
plantea a la vida religiosa y que respuesta esta llamada a dar sobre todo
la mujer consagrada? -¿Cuáles son las cifras respecto a este problema
actualmente en Italia? -Su trabajo especifico ¿en qué consiste? -¿Como entran en contacto con ellas? ¿Qué
le impresiona más de su trato con estas mujeres? -¿Cuáles son las principales dificultades que
deben superar?
Es ciertamente un problema que provoca a la vida religiosa y pide respuestas
adecuadas y urgentes.
Provoca en primer lugar a la vida religiosa femenina, pues como mujeres y
como religiosas sienten el deber de defender a tantas mujeres compradas como
meros objetos y luchar contra la mentalidad hedonista que ve el cuerpo de
la mujer como mero objeto de placer. Pero es también un reto para la
Vida consagrada masculina, que no puede permanecer al margen y debe asumir
su papel sobre todo con respecto al cliente, el problema de la pedofilia,
del turismo sexual y la prostitución masculina.
Así mismo los institutos misioneros e internacionales deberían
estar en primera línea en la lucha contra este tráfico de mujeres
procedentes precisamente de los países donde sus miembros trabajan
desde hace años por difundir la buena Noticia y promover la justicia
y los derechos fundamentales de la persona. Deben realizar una labor de información
y prevención y también de acogida y reintegración de
las victimas que son expulsadas y repatriadas. En general las congregaciones
de los países de procedencia deberían implicarse de lleno pues
si no es así nuestra labor no puede realizarse plenamente ya que al
volver a su país de origen fácilmente vuelven a caer en ello
si no encuentra nadie que les ayude.
Tampoco la vida de clausura queda al margen de este problema. Y de hecho,
son ya varios los Conventos que han colaborado con nosotros con diversas iniciativas.
Sobre todo las personas que trabajan en este campo deben tener presente la
necesidad de ofrecer a las víctimas un ministerio de curación
profundo y de recuperación de la propia estima y dignidad.
- ¿Cómo comenzó Vd. en este trabajo? ¿Qué
le empujo a ello?
Todo comenzó en una tarde lluviosa el 2 de noviembre de 1993. Yo estaba
a punto de abandonar el Centro de Caritas al servicio de los emigrantes en
Turín, donde trabajaba, para dirigirme a misa. En ese momento llego
una mujer nigeriana pidiendo ayuda. Por su comportamiento y su ropa intuí
que era una de tantas mujeres que venden su cuerpo en nuestras calles. Me
sentí a disgusto. La mujer estaba enferma y necesitaba una operación,
pero al no tener documentos no podía ser ingresada en un hospital publico
y por ello la mandaron a nuestro centro.
Comenzó a contarme su historia: era madre de tres niños que
había dejado en Nigeria para venir a Italia en busca de una trabajo
para ayudar a su familia. Pero se encontró en la calle víctima
de la trata. De repente empezó a llorar: “¿Sister, please,
help me, help me!” (Hermana por favor, ayúdeme). Yo estaba preocupada
por la misa así que le dije que viviera al día siguiente, pero
ella quiso acompañarme a la Iglesia. Se sentó en el último
banco y comenzó a sollozar. Yo pensaba en la parábola del Fariseo
y el publicano (Lc 18,9-14).
Yo me encontraba en ese momento preguntándome que cosa querría
el Señor de mi ahora que me encontraba en Italia después de
24 años de trabajo en Kenia. Esa noche no pude dormir pensando en la
mujer. Dentro de mi resonaba una frase: “Eugenia ¿dónde
está tu hermana? Este hecho estaba interpelando profundamente toda
mi vida y mi vocación. El encuentro con esta mujer me ayudó
a entrar y a comprender el “mundo de la noche” y el terrible fenómeno
del “tráfico de seres humanos”. Como mujer, como religiosa
y como misionera, sentí que la misión se me abría hacia
un nuevo y gran desafío: luchar por devolver a estas víctimas
su libertad y dignidad.
Este fenómeno comenzó a adquirir proporciones enormes sobre
todo a partir de los años 90. En la actualidad existen entre 50 y 70.000
mujeres que viven y trabajan en las calles de nuestras ciudades, en Italia,
provenientes de África (Nigeria), América Latina y Europa Oriental.
De estas, cerca del 40% son menores entre 14 y 18 años de edad. Pero
al estar en Italia de forma ilegal y siendo clandestinas es muy difícil
obtener cifras exactas sobre su numero.
En la actualidad hay 220 religiosas trabajando en este campo en Italia.
Yo trabajo en la USMI en la sección “trata” y, por tanto,
mi primera misión es la de coordinar el trabajo de las religiosas que
se han abierto a este nuevo ministerio. Este servicio requiere contactos constantes
con todas las comunidades de acogida donde trabajan las religiosas para transmitir
información, estimular nuevas aperturas, apoyar a las comunidades incipientes,
preparar encuentros formativos... pero requiere también el mantener
redes de colaboración con todas las fuerzas, tanto privadas como públicas,
para comprender mejor como se produce el fenómeno y cuales son las
estrategias adecuadas.
Lo hacemos de diversas formas. En primer lugar por medio de las unidades de
calle como primer medio ofreciendo un contacto humano, personal. Todos los
miércoles voy directamente a la calle con un equipo voluntario de la
parroquia de S.Frumenzio de Roma a la Salaria, para acercarme a las mujeres,
ofrecerles soluciones alternativas a la explotación, escuchar sus historias,
compartir un momento de oración. Tenemos también centros de
escucha en colaboración con los centros de Caritas diocesanos, para
escuchar y buscar soluciones y comunidades de acogida dirigidas por religiosas
para albergar de 6-8 personas. La permanencia en estos centros varia según
las necesidades y la recuperación de la muchacha hacia una plena autonomía,
pero nunca es menos de 6-12 meses.
Hay además centros de preparación profesional, donde las mujeres
realizan cursos para que consigan ganar un salario honesto y puedan así
ayudar a sus familias y ser independientes.
Desde hace poco tiempo hemos empezado a realizar visitas semanales al Centro
de permanencia temporal de Ponte Galeria para ofrecer asistencia religiosa
a numerosas mujeres detenidas en espera de su expulsión.
Debo decir que lo que más me impresiona es la fuerza y tenacidad de
las mujeres africanas. Cuando se quedan embarazadas rechazan el aborto con
todas sus fuerzas y deciden tener al hijo, aún sabiendo que encontrarán
muchas dificultades. Conocí a dos mujeres que sufrieron enormes torturas
y malos tratos por parte de sus madam para inducirlas al aborto, pero ellas
huyeron y pidieron ayuda. A causa de estos malos tratos tuvieron hijos prematuros
pero ahora gracias a Dios se encuentran bien.
También las nigerianas tiene un profundo sentido de Dios. La Palabra
de Dios es su fuerza. El regalo que más insistentemente piden en la
calle es una Biblia en inglés para poder rezar después de nuestro
encuentro. Antes de dejarlas hago también la señal de la cruz
en sus frentes y todas esperan este signo de redención y salvación.
En general las mujeres africanas y las del Este europeo demuestran un gran
apego a su tradición espiritual y religiosa y ante la presencia de
la religiosa entre ellas encuentran una fuerza interior que las ayuda a afrontar
los traumas y a curar las profundas heridas que llevan dentro de sí.
En cuanto ven a la religiosa en la calle que se acerca a ellas, la llaman
“mamá” y en seguida muestran confianza y apertura. Y si
alguna de ellas no puede acercarse porque está siendo controlada por
sus dueños, hacen comprender con una mirada expresiva su deseo de hacerlo.
Es ciertamente una realidad en la que no faltan obstáculos como son:
- La preparación profesional, pues muchas de las religiosas sienten
la carencia de una adecuada preparación espiritual y profesional y
piden por ello encuentro formativos en sintonía con nuestra identidad
de mujeres consagradas. Para ello la USMI está organizando algunos
cursos formativos. En concreto hemos tenido uno hace poco del 26 de enero
al 6 de febrero del 2004 en la sede de la USMI en Roma realizado en colaboración
con la UISG (Unión Internacional de Superioras Generales), la OIM (Organización
Internacional para las Migraciones) y la Embajada USA ante la Santa sede.
En el curso han participado 27 religiosas. Se han realizado otros cursos similares
en Nigeria del 26 de marzo al 2 de abril en el que han participado 23 religiosas,
en Albania del 13 al 20 de abril y en Rumania del 16 al 23 de mayo.
-La obtención de documentos en las embajadas. Cada vez nos llegan más
peticiones de documentos ante las distintas embajadas desde los centros de
acogida. Pero como son en general procesos que requieren mucho tiempo es verdaderamente
imposible ofrece este servicio. Las únicas intervenciones posibles
son las que realizamos en la embajada de Nigeria que no requieren mucho tiempo
gracias a las buenas relaciones y colaboración que se ha creado.
-El conseguir una verdadera reintegración de la persona social, laboral
cultural y espiritual es todavía un paso difícil después
de la primera ayuda de emergencia. Sobre todo la inserción laboral
es particularmente difícil para estas mujeres con escaso conocimiento
de la lengua italiana, sin una adecuada preparación profesional, con
la enorme competitividad que existe y los prejuicios que llevan consigo. Esta
fase absorbe mucho tiempo y energías y no siempre se obtiene los resultados
deseados.
-También se nos presentan los problemas de salud física y mental
de las victimas pues han aumentado las peticiones para chicas sero-positivas
o con problemas mentales lo que nos obliga a construir comunidades mejor preparadas
para hacer frente a esta exigencia.