Italia: Adopta
cierra las calles Fuente: El país (24 sept. 2008)
El Gobierno de Berlusconi trata de acabar con la prostitución a la
vista La Universidad de Trento calcula que entre 18.000 y 36.000
mujeres llegan a Italia cada año en redes de trata para ser explotadas
como prostitutas. Su trabajo rinde un beneficio anual de 2.200 a 5.600 millones
de euros. Chinas, nigerianas e inmigrantes del Este de Europa forman el
núcleo mayoritario. La calle es su refugio habitual. Los burdeles
fueron prohibidos en 1958 con la Ley Merlin, y desde entonces la prostitución
está tolerada en Italia, siempre que se ejerciera en la calle o en
una casa particular y no se detectara explotación. Pero ahora ha
llegado la nueva ministra de Igualdad de Oportunidades, Mara Carfagna, y
ha mandado parar.
MIGUEL MORA
Su diseño de ley, que se está aplicando ya, castiga por igual
a clientes y prostitutas, y les prohíbe ejercer en la vía
pública. Entre protestas y excusas variopintas —“me acerqué
porque creía que era mi prima”, dijo ayer un romano cazado
in fraganti—, la policía ha puesto ya cientos de multas de
300 a 3.000 euros. Clientes y meretrices se sienten acosados por igual.
Arriesgan además arrestos de 5 a 15 días.
“El prohibicionismo total a la italiana es una novedad absoluta”,
explica Andrea di Nicola, criminólogo de la Universidad de Trento
y especialista en trata y tráfico de personas. “Aunque es mejor
intervenir para tratar de regular el problema que no hacer nada, porque
el abstencionismo tiene costes sociales más altos, las medidas propuestas
por Carfagna traerán más costes que beneficios”.
En un país en el que se calcula que hay cinco millones de clientes
habituales, pensar que la prostitución desaparecerá por decreto
es una quimera, sostiene Di Nicola. “La ley implicará serios
problemas de derechos humanos, porque castiga doblemente a las mujeres,
víctimas de tráfico y trata; y su único beneficio será
aparente: aumentará la percepción de seguridad en la calle,
pero no resolverá el problema”.
Además, una aplicación rigurosa de la ley desbordaría
el ya estancado sistema judicial, pues requerirá de juicios penales.
Los expertos creen que la prohibición callejera servirá para
esconder las situaciones de explotación trasladándolas a los
olvidados burdeles o a las casas. “La explotación seguirá
siendo la misma. O más, porque se verá menos”, concluye
Di Nicola.