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Religiosas en primera linea para combatir esta nueva forma de pobreza



Fuente: Agenzia Fides. (jun.2008)

El Santo Padre ha realizado con frecuencia llamamientos a tomar conciencia de los nuevos desafío y nuevos campos de la misión en el mundo de hoy, ha denunciado en diversas ocasiones la trata de mujeres y de niños para la explotación sexual como uno de las problemas particularmente repugnantes de nuestra sociedad por la intrínseca violación de la dignidad y los derechos de la persona humana y a empujado a empeñarse con solicitud en este campo. “Son muchas en nuestro tiempo las necesidades que interpelan la sensibilidad cristiana....El cristiano que se asoma al escenario de la pobreza, debe aprender a hacer su acto de fe en Cristo interpretando el llamamiento que él dirige desde este mundo de la pobreza... Es la hora de un nueva « imaginación de la caridad », que promueva no tanto y no sólo la eficacia de las ayudas prestadas, sino la capacidad de hacerse cercanos y solidarios con quien sufre. (MNI n. 50)

¿Podemos quedar frente al vilipendio de los derechos humanos fundamentales de tantas personas? (Idem n. 51)

La Iglesia por tanto no permanece ajena a este grave problema que constituye una de las nuevas situaciones de pobreza. Es por ello una provocación para toda la sociedad, pero sobre todo para los religiosos y religiosas llamados por su carisma y vocación a defender la dignidad y los derechos de los pobres, de las personas más vulnerables e indefensas cono son las mujeres y niños en peligro.

En un Congreso de Obispos y directores nacionales encargados de la pastoral de los emigrantes de las Conferencias Episcopales Europeas, celebrado en Turquía del 9 al 13 de octubre, sobre el rostro femenino de la emigración, afirmaron que este nuevo problema del tráfico de mujeres para la prostitución plantea nuevos desafíos y requiere una cuidada atención pues forma parte de la misión de la Iglesia defender la dignidad y los derechos de las personas y en particular constituye un nuevo campo de acción de las religiosas quienes tiene un importante papel de mediación en el contexto de la emigración femenina.

En la Instrucción “Caminar desde Cristo: un renovado compromiso de la vida consagrada en el tercer milenio” (mayo 2002), la Iglesia lanza a la vida consagrada algunas consideraciones al respecto:

“Hoy se muestran nuevos rostros, en los cuales reconocer, amar y servir el rostro de Cristo allí donde se ha hecho presente: son las nuevas pobrezas materiales, morales y espirituales que la sociedad contemporánea produce...La vocación de las personas consagradas sigue siendo la de Jesús y, como Él, asumen sobre sí el dolor y el pecado del mundo consumiéndolos en el amor”. (n.27)

Incluso algunos carismas que parecían responder a tiempos ya pasados, adquieren un renovado vigor en este mundo que conoce la trata de mujeres o el tráfico de niños esclavos, mientras la infancia, a menudo víctima de abusos, corre el peligro del abandono en las calles y del reclutamiento en los ejércitos”. (n.36)

“¿Cómo se puede, en fin, permanecer pasivos frente al vilipendio de los derechos humanos fundamentales?” (n.45)

Empuja pues a la vida consagrada a hacerse cargo de estos nuevos desafíos que plantea el mundo moderno en los que quedan vilipendiados los derechos humanos fundamentales y ante los cuales no pueden permanecer indiferentes. Además el personal religioso en muchos caso representa el único baluarte de la sociedad civil que está en condiciones de dar continuidad a las iniciativas sociales. De hecho las Congregaciones religiosas, junto con Caritas diocesanas y grupos de voluntarios han sido los primeros en leer estos nuevos desafíos y ofrecer su ayuda a las mujeres a las que les han robado su dignidad.


El 13 de mayo del 2001, las participantes en la Reunión Plenaria de la UISG (Unión Internacional de Superioras Generales), 800 mujeres lideres de un millón de miembros de Congregaciones Religiosas esparcidas en todo el mundo, ratificaron una declaración en la que, entre otras cosas, manifestaron su determinación en denunciar insistentemente y a todos los niveles el abuso y la explotación sexual de mujeres y niños prestando una atención particular al tráfico de mujeres que se ha convertido en un negocio lucrativo multinacional.

Algunas de las estrategias propuestas por las congregaciones religiosas y sus colaboradores son:

1.- Condenar seriamente el mercado del sexo sobre todo a los traficantes, a los clientes y a todos aquellos que obtienen cualquier ventaja de esta esclavitud

2.- Investigación y recogida de datos para sensibilizar e informar a ciudadanos y fieles de este problema.

3.- Una mayor toma de conciencia y compromiso que puede abarcar diversos aspectos:

• Organizar campañas de sensibilización

• Usar los medios de comunicación para ofrecer una cobertura nacional e internacional a este problema

• Animar a las comunidades cristianas y familias a acoger a las victimas de la calle para un periodo de recuperación y de apoyo
• Implantar sobre todo en las parroquias proyectos en defensa de la vida y de apoyo a mujeres embarazadas

4.- Prevención
• Abordar las causa de la pobreza que esta en la base de este problema, mejorar las oportunidades de acceso a la educación y al empleo

• Educar a los jóvenes y adultos en un acercamiento correcto de la sexualidad

• Formar en auténticos valores humanos y cristianos basados en el respeto de toda persona y en la dignidad de la mujer

5.- Protección y reinserción

• Ayuda física, económica, legal psicológica y espiritual para las mujeres que sufren las consecuencias

• Ofrecerles los medios necesarios para que puedan aprender un oficio y ayudarles a encontrar medios alternativos de subsistencia

• Programas de rehabilitación y reinserción en la sociedad

• Ayudar a las familias de las victimas


6.- Colaboración
• Crear redes de colaboración entre Congregaciones religiosas para trabajar y estudiar el problema

• Organizar estas mismas redes con ONG y otros grupos y personas a nivel nacional e internacional

• Trabajar en colaboración con otras Iglesias y religiones

7.-Convocar en todas las comunidades religiosas una campaña de oración y apoyo de

las víctimas y de todos los que trabajan en este delicado ministerio de recuperación porque “si el Señor no construye la casa en vano se cansan los albañiles”