Religiosas en primera linea para combatir esta nueva forma de pobreza
Fuente: Agenzia Fides. (jun.2008) El Santo Padre ha realizado
con frecuencia llamamientos a tomar conciencia de los nuevos desafío
y nuevos campos de la misión en el mundo de hoy, ha denunciado en
diversas ocasiones la trata de mujeres y de niños para la explotación
sexual como uno de las problemas particularmente repugnantes de nuestra
sociedad por la intrínseca violación de la dignidad y los
derechos de la persona humana y a empujado a empeñarse con solicitud
en este campo. “Son muchas en nuestro tiempo las necesidades que interpelan
la sensibilidad cristiana....El cristiano que se asoma al escenario de la
pobreza, debe aprender a hacer su acto de fe en Cristo interpretando el
llamamiento que él dirige desde este mundo de la pobreza... Es la
hora de un nueva « imaginación de la caridad », que promueva
no tanto y no sólo la eficacia de las ayudas prestadas, sino la capacidad
de hacerse cercanos y solidarios con quien sufre. (MNI n. 50) El 13 de mayo del 2001, las participantes en la Reunión
Plenaria de la UISG (Unión Internacional de Superioras Generales),
800 mujeres lideres de un millón de miembros de Congregaciones Religiosas
esparcidas en todo el mundo, ratificaron una declaración en la que,
entre otras cosas, manifestaron su determinación en denunciar insistentemente
y a todos los niveles el abuso y la explotación sexual de mujeres
y niños prestando una atención particular al tráfico
de mujeres que se ha convertido en un negocio lucrativo multinacional. Algunas de las estrategias propuestas por las congregaciones
religiosas y sus colaboradores son: 6.- Colaboración
¿Podemos quedar frente al vilipendio de los derechos humanos fundamentales
de tantas personas? (Idem n. 51)
La Iglesia por tanto no permanece ajena a este grave problema que constituye
una de las nuevas situaciones de pobreza. Es por ello una provocación
para toda la sociedad, pero sobre todo para los religiosos y religiosas
llamados por su carisma y vocación a defender la dignidad y los derechos
de los pobres, de las personas más vulnerables e indefensas cono
son las mujeres y niños en peligro.
En un Congreso de Obispos y directores nacionales encargados de la pastoral
de los emigrantes de las Conferencias Episcopales Europeas, celebrado en
Turquía del 9 al 13 de octubre, sobre el rostro femenino de la emigración,
afirmaron que este nuevo problema del tráfico de mujeres para la
prostitución plantea nuevos desafíos y requiere una cuidada
atención pues forma parte de la misión de la Iglesia defender
la dignidad y los derechos de las personas y en particular constituye un
nuevo campo de acción de las religiosas quienes tiene un importante
papel de mediación en el contexto de la emigración femenina.
En la Instrucción “Caminar desde Cristo: un renovado compromiso
de la vida consagrada en el tercer milenio” (mayo 2002), la Iglesia
lanza a la vida consagrada algunas consideraciones al respecto:
“Hoy se muestran nuevos rostros, en los cuales reconocer, amar y servir
el rostro de Cristo allí donde se ha hecho presente: son las nuevas
pobrezas materiales, morales y espirituales que la sociedad contemporánea
produce...La vocación de las personas consagradas sigue siendo la
de Jesús y, como Él, asumen sobre sí el dolor y el
pecado del mundo consumiéndolos en el amor”. (n.27)
Incluso algunos carismas que parecían responder a tiempos ya pasados,
adquieren un renovado vigor en este mundo que conoce la trata de mujeres
o el tráfico de niños esclavos, mientras la infancia, a menudo
víctima de abusos, corre el peligro del abandono en las calles y
del reclutamiento en los ejércitos”. (n.36)
“¿Cómo se puede, en fin, permanecer pasivos frente al
vilipendio de los derechos humanos fundamentales?” (n.45)
Empuja pues a la vida consagrada a hacerse cargo de estos nuevos desafíos
que plantea el mundo moderno en los que quedan vilipendiados los derechos
humanos fundamentales y ante los cuales no pueden permanecer indiferentes.
Además el personal religioso en muchos caso representa el único
baluarte de la sociedad civil que está en condiciones de dar continuidad
a las iniciativas sociales. De hecho las Congregaciones religiosas, junto
con Caritas diocesanas y grupos de voluntarios han sido los primeros en
leer estos nuevos desafíos y ofrecer su ayuda a las mujeres a las
que les han robado su dignidad.
1.- Condenar seriamente el mercado del sexo sobre todo a los traficantes,
a los clientes y a todos aquellos que obtienen cualquier ventaja de esta
esclavitud
2.- Investigación y recogida de datos para sensibilizar e informar
a ciudadanos y fieles de este problema.
3.- Una mayor toma de conciencia y compromiso que puede abarcar diversos
aspectos:
• Organizar campañas de sensibilización
• Usar los medios de comunicación para ofrecer una cobertura
nacional e internacional a este problema
• Animar a las comunidades cristianas y familias a acoger a las victimas
de la calle para un periodo de recuperación y de apoyo
• Implantar sobre todo en las parroquias proyectos en defensa de la
vida y de apoyo a mujeres embarazadas
4.- Prevención
• Abordar las causa de la pobreza que esta en la base de este problema,
mejorar las oportunidades de acceso a la educación y al empleo
• Educar a los jóvenes y adultos en un acercamiento correcto
de la sexualidad
• Formar en auténticos valores humanos y cristianos basados
en el respeto de toda persona y en la dignidad de la mujer
5.- Protección y reinserción
• Ayuda física, económica, legal psicológica
y espiritual para las mujeres que sufren las consecuencias
• Ofrecerles los medios necesarios para que puedan aprender un oficio
y ayudarles a encontrar medios alternativos de subsistencia
• Programas de rehabilitación y reinserción en la sociedad
• Ayudar a las familias de las victimas
• Crear redes de colaboración entre Congregaciones religiosas
para trabajar y estudiar el problema
• Organizar estas mismas redes con ONG y otros grupos y personas a
nivel nacional e internacional
• Trabajar en colaboración con otras Iglesias y religiones
7.-Convocar en todas las comunidades religiosas una campaña de oración
y apoyo de
las víctimas y de todos los que trabajan en este delicado ministerio
de recuperación porque “si el Señor no construye la
casa en vano se cansan los albañiles”