FILIPINAS: Prostitutas
cada vez más jóvenes Fuente: Boletín
Alianza por tus derechos (11 nov. 2009) DAVAO, Filipinas, nov (IPS) - A los 14 años, la
filipina Ann se preocupa de no quedar embarazada y de no contraer sida
(síndrome de inmunodeficiencia adquirida). Para ello utiliza condones
con cada uno de sus clientes. "Nos han enseñado cómo hacerlo",
relata Ann (nombre ficticio), quien al cumplir 13 años fue reclutada
para trabajar en un bar en Santo Tomás, más de 60 kilómetros
al norte de la meridional ciudad filipina de Davao, donde tiene sexo a
cambio de dinero con trabajadores de las plantaciones de bananas y guardias
de colonias penales en sus ratos de ocio. Ann es parte de una cantidad cada vez mayor de menores
que integran Lawig Bubai (algo así como "Adelante, mujeres"),
una organización de niñas y mujeres prostitutas de esta
ciudad. El grupo se creó en 1993 a raíz del programa
educativo de Talikala ("Cadena") Inc., organización no
gubernamental que ayuda a trabajadoras sexuales, entre ellas niñas,
dentro de la meridional región de Mindanao, uno de los tres principales
grupos de islas de Filipinas. Algunas integrantes de Lawig Bubai son sobrevivientes
de la prostitución, mientras que otras todavía están
atrapadas en ella. Todas intentan acercarse a otras mujeres y niñas
de las áreas más pobladas en situación vulnerable.
Son adiestradas en "técnicas de supervivencia".
Éstas incluyen cómo colocarle un condón a un cliente
sin que éste se dé cuenta. Allí también aprenden
sobre salud reproductiva y sobre cómo cuidarse a sí mismas.
Según Ann, la mujer que la reclutó vive
en el mismo barrio donde ella residía con sus abuelos. Para ella
era una figura conocida y "anciana", dijo. Es la misma mujer que reclutó a su amiga Sarah,
también de 14 años. Ann aseguró que la mujer le había garantizado
un trabajo –cocinar y servir carne asada-- en la ciudad, por el
cual le pagaría un jornal de 200 pesos (4,20 dólares). Era
una suma interesante. Su abuelo hace trabajos de pintura, pero no tiene
empleo estable. Su abuela realiza tareas de lavandería y gana poco
dinero. Ann vivió con ellos desde que nació. Al momento
de su nacimiento, su madre tenía la edad que ella tiene ahora.
Ann y Sarah terminaron en un bar, donde les dijeron que
servirían carne asada. Pero esa misma noche las obligaron a bailar
y realizar otros números para entretener al público masculino.
Las dos amigas dijeron que en ese lugar había
más adolescentes como ellas, y que el dueño las molestaba
siempre que tenía ganas. "Nuestro empleador era un maníaco",
dijo Ann en su dialecto nativo visayan. Cerca de allí hay otro bar que también
emplea a chicas jóvenes, y otro más en el que trabajan "muchachas
mayores", de 18 años y más, señalaron las amigas.
Dang, de 14 años, tiene su propia historia, aunque
no es muy diferente de las demás. Comenzó a fumar a los
nueve años, y a beber ron a los 12. "Eso es lo que ocurre
cuando tu madre no te quiere", sostuvo. Cuando tenía 13 años, sus amigas le presentaron
a un viudo del distrito de Agdao que les dio dinero simplemente por ser
"estimulado". No pasó mucho tiempo antes de que el barrio
se enterara. Pronto sus padres la echaron de su casa. Desde entonces deambula por las calles, ganando dinero
con cualquiera que requiera sus "servicios". Entre sus clientes
figuran taxistas que pagan 20 pesos (42 centavos de dólar) por
recibir estimulación oral y manual. La situación de Ann, Sarah y Dang les resulta
muy conocida a las hijas adolescentes de Inday. Esta mujer de 36 años,
madre de nueve hijos, tardó en enterarse de que el dinero que de
vez en cuando le daban sus hijas, de 14, 15 y 16 años, no provenía
de ningún "tío" benevolente. Supo sobre las actividades de sus hijas a través
de un vecino preocupado. "Fue, literalmente, como si me arrancaran
el corazón. Cada vez que yo les preguntaba de dónde sacaban
su dinero, ellas simplemente me decían que se los había
dado un ‘tío’", dijo Inday. En los tugurios de Davao, "tío" es un
término cariñoso con el que los más pequeños
llaman en general a un hombre adulto. Inday tiene otros cuatro hijos varones, de 13, ocho,
siete y cuatro años, y otras dos hijas, de 10 años y cuatro
meses, respectivamente. La pobreza de su familia se ha exacerbado con
el aumento del costo de vida. Su esposo es el chofer de una empresa y
gana unos 300 pesos (seis dólares) al día, lo que apenas
alcanza para alimentar a su gran prole. "Ya no sé cómo estirar nuestro presupuesto.
A menudo nos arreglamos solamente con avena", dijo. La familia de Inday también eliminó el
desayuno, lo que redujo sus comidas diarias a dos, siempre que haya suficientes
alimentos. Cuando no los hay, sus hijos --por lo menos los que todavía
van a la escuela-- no asisten a sus clases. A causa de sus frecuentes ausencias, tanto su hijo de
13 años como sus tres hijas adolescentes desertaron del colegio.
El muchacho se dedica a hurgar en busca de chatarra. Al empeorar la situación económica, parece
que más niñas son empujadas a la prostitución. Tanto Lawig Bubai como Talikala han observado un alarmante
aumento de la cantidad de menores prostitutas este año en la ciudad
de Davao. Belén Antoque, presidenta de Lawig Bubai, dijo
que su organización no posee los recursos necesarios para embarcarse
en un estudio en profundidad que determine el alcance de la prostitución
infantil y adolescente en esta ciudad, uno de los principales destinos
turísticos del país. Ahora no sólo se ve a mujeres y niñas prostituyéndose
en ciertas áreas tradicionales, como avenidas y centros comerciales,
sino también en calles laterales y terminales de autobuses. "A veces todo lo que se ve es un grupo de unas 20
niñas. Una piensa que son simplemente amigas que están saliendo
a divertirse", dijo Jeanette Ampog, directora ejecutiva de Talikala.
A ella le preocupa no sólo que se hayan expandido
los sitios donde se ejerce la prostitución, sino especialmente
que se trate de mujeres cada vez más jóvenes. Mientras, Dang ha aprendido tareas de manicuría
y pedicuría, y espera que alguna vez esto la ayude a cursar la
educación superior. "Sueño con estudiar trabajo social",
explicó. * Este artículo fue elaborado por IPS Asia-Pacífico
en el marco de una serie sobre el impacto de la crisis económica
mundial sobre niños y jóvenes, en asociación con
la oficina del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef)
para Asia oriental y el Pacífico. http://ipsnoticias.net/nota.asp?idnews=93906
Según ella misma afirma, se ha vuelto tan buena en esto que el
hombre de turno ni siquiera se entera.