



EUROPA: Mujeres traficadas
Fuente: Observador Global (3 jun. 2010)
por Erika Casali – Desde Italia
Vienen de las zonas rurales o de
los suburbios de las grandes ciudades, de situaciones que no ofrecen nada.
No tienen salida ni perspectiva alguna. Son las mujeres que pueblan las
calles de las ciudades europeas. Ninguna de ellas llega de Francia o de
Alemania, son todas de países en los que la pobreza es una llaga
profunda, naciones en desarrollo con problemas graves a nivel social,
como Rumania, Moldavia y Nigeria. En la calle, libradas a su suerte y
en un entorno de violencia y sometimiento, esperan el golpe de suerte
que jamás llegará a sus vidas.
Engañarlas o prometerles que en Italia y en los otros países “ricos” tendrán un trabajo es demasiado fácil. No tienen nada que perder, intentar cambiar su destino es lo menos que pueden hacer. Tantas mujeres viven toda su vida en una provincia de nombre exótico, tratando todo el tiempo de llegar al final del día, de la semana, de llenar el estómago de su familia. No queda tiempo para otra cosa: la búsqueda de dinero y la supervivencia son las fuerzas motrices que las hacen viajar hacia la parte rica del Viejo Continente. Muchas de ellas, en sus países de origen, trabajan en fábricas y ganan de 100 a 150 euros por mes, cifra que no les permite mantenerse ni mantener a los seres queridos.
Las mujeres, que muchas veces no son más que niñas, incluso menores de edad, salen voluntariamente de sus países, o son vendidas por sus padres a los traficantes de mujeres, son secuestradas o compran un viaje en una agencia normal para turistas. Alguna de ellas decide "libremente" prostituirse, el verdadero problema es que no eligen el sistema de esclavitud y de violencia en el que estarán obligadas a vivir.
Ninguna de las mujeres que vemos en la calle es libre. Vender sus cuerpos en las veredas significa tener que pagar por el espacio: casi siempre son los proxenetas los que se ocupan de la renta y las áreas urbanas están bien divididas entre las nacionalidades de las chicas prostituidas. Hay una distinción clara entre las africanas y las que vienen de Europa del Este, a partir del método de contratación utilizado por los proxenetas: las chicas del Este llegan frecuentemente a Italia conscientes de lo que van a hacer, lo que no saben es cómo lo van a tener que hacer.
Los acuerdos a los que llegan inicialmente luego resultan muy diferentes de lo que es su realidad cotidiana: las mujeres inmigrantes saben que van a Europa Occidental para prostituirse, pero creen que trabajarán en una casa, un departamento o en una discoteca, durante un período que puede variar de seis meses a un año. Ninguna de estas niñas y mujeres sabe que después de partir, su cuerpo ya no será de su propiedad y que sus documentos ya no estarán en sus manos.
Las reglas a seguir son simples: cada noche tienen que salir a la calle, las condiciones atmosféricas no importan, ni tiene importancia alguna en qué estado físico se encuentran las chicas. Irán a trabajar y pagarán su deuda sin quejarse y sin escapar, o serán sus hijos o los padres los que pagarán las consecuencias de su acto.
Si la mujer o la niña protesta, será golpeada, violada, no recibirá comida ni tendrá la oportunidad de comunicarse con alguien que no sea su carcelero, hasta que se amanse. Se le dirá que es absolutamente inútil tratar de escapar o tratar de hablar con alguien, porque a nadie le importa nada de ella. Hay muchas como ella a lo largo de las veredas y sólo son "putas", no valen nada.
Las nigerianas no saben casi nunca lo que será su profesión en Europa. Creen ir a trabajar en fábricas o como niñeras. Cuando llegan a las ciudades europeas, las maltratan y amenazan, les dan una cartera con todo lo que puedan necesitar en la calle: condones y kleenex. Les acompañan a su lugar de trabajo y las vigilan de cerca y con armas hasta que demuestren haber entendido que tienen que ganar dinero vendiendo sus cuerpos.
Las niñas de Nigeria deben pagar deudas de hasta 80.000 euros; antes de salir de Nigeria están sometidas a ritos vudú con los cuales prometen fidelidad a su verdugo, y sobre todo prometen pagar hasta el último centavo que será "invertido" en la ruta y en los documentos. Caso contrario, serán las familias las que pagarán las consecuencias, a menudo con la vida.
Una de las propuestas más citadas para resolver este problema, que se identifica principalmente como decadencia urbana y luego como prostitución y trata de mujeres con fines de explotación sexual, es la reapertura de los prostíbulos. El proyecto de regularización de la prostitución propone planes de fiscalización y legalización de los servicios sexuales de las prostitutas y de las mujeres que son prostituidas. La iniciativa es admirable, pero no tiene en cuenta las dificultades a las que se enfrentarían tratando de enmarcar a las niñas menores de edad y a las mujeres clandestinas que son la mayoría de las que se encuentran por las calles. De este problema tan serio, se habla muy poco en Europa y sólo en ocasiones especiales, como ante una detención o un asesinato. En algunos Estados europeos los prostíbulos existen y trabajan; la criminalidad organizada que mueve los hilos no tiene dificultad alguna para controlar a las chicas y los pagos aunque no se encuentren trabajando por las calles.
Italia tiene el mejor ordenamiento jurídico del mundo referido a la trata de personas. Pero con demasiada frecuencia no encuentra aplicación práctica para el problema: el Artículo 18 del Decreto Ley ‘98, Residencia por razones de protección social, establece que las víctimas de trata reciban protección y permiso de residencia o la repatriación asistida por proyectos estatales.
El problema es que, además de no garantizar la seguridad de los familiares de las víctimas, la policía suele utilizar el permiso de residencia como moneda de cambio para obtener informaciones pertinentes a las investigaciones, esto ocurre especialmente con las chicas nigerianas que son las que menos se atreven a denunciar.
En Europa la prostitución no es un crimen, todo el mundo es libre de vender su cuerpo a cambio de dinero. Las prostitutas están bien organizadas, trabajan en sus hogares, climatizados y seguros. Deciden por sí mismas a quien atender, sus honorarios y horarios, como publicitar sus prestaciones y los servicios en Internet y en los periódicos. Son empresarias de sí mismas.
El delito es ganar sobre el cuerpo
de otra persona que no se prostituye libremente. Es un crimen explotar
sexualmente a alguien para enriquecerse.
Estadísticas que preocupan
Una investigación de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) sugiere que el número de las mujeres víctimas originarias de Europa oriental y central hacia el occidente europeo ha subido en los años ’90 a causa de la caída de la Unión Soviética y del muro de Berlín.
En 1993 el número de víctimas de Europa oriental y central que habían pedido ayuda se duplicó con respecto a 1992. Entre 1992 y 1994, el número se triplicó. Más de la mitad del número total de las mujeres tenía por entonces menos de 25 años (muchas tenían entre 15 y 18) y trabajaban todas como prostitutas.
Ahora las cosas no han cambiado: la edad y las procedencias son las mismas. La mayoría de las mujeres que trabajan como prostitutas en Europa occidental tienen entre 17 y 30 años y vienen de Rumania, Bulgaria, Moldavia, Ucrania, Albania, Nigeria. Todos los países europeos tienen que enfrentar el problema de la trata de mujeres para la explotación sexual. Italia, España y Grecia, siendo estos los países de entrada para los inmigrantes, tienen que enfrentar el problema de la prostitución por las calles con más urgencia. Entre 2009 y 2010 las chicas africanas han empezado a declararse procedentes de Ghana; un dato que ya manejan las organizaciones que luchan por sus derechos pero que no ha sido comprobado por las autoridades.
El estudio del OIM basado sobre
los datos estadísticos de las autoridades italianas dice que en
Italia más de un tercio de los acusados de ayudar, incitar y explotar
la prostitución son extranjeros de Europa oriental y central.