España: La mafia china
controla 60 burdeles con 300 chicas en el área de BCN
Fuente: elperiodico.com (16 mar.2009)
La policía advierte de que la delincuencia asiática se encuentra en una "fase expansiva" en Catalunya
Los agentes ya han detenido a varios españoles que trabajaban para redes de tráfico de personas
Las chicas comen y duermen en el mismo apartamento donde ejercen como
prostitutas. Solo así pueden estar disponibles las 24 horas del
día para los clientes. Si uno llega de madrugada o a primeras horas
del día, la madame que gestiona el burdel despierta sin miramientos
a todas las jóvenes para que el recién llegado elija la
que más le guste. Hay dos tipos de tarifa: una para los chinos,
más barata, y otra para los españoles, algo más cara
(sobre 50 euros). Con suerte, la chica recibirá la mitad del importe,
aunque lo habitual es que trabaje en régimen de explotación.
Así funcionan los 60 locales de prostitución que las organizaciones
criminales chinas tienen en activo en Barcelona. Según un cómputo
de las fuerzas de seguridad, 40 son burdeles situados en pisos, la mayoría
en el Eixample. El resto son peluque-
rías o salones de masaje distribuidos entre Barcelona, Santa Coloma
de Gramenet y Badalona. Además, existe un número desconocido
de pequeños locales solo para clientela china en el extrarradio
barcelonés.
COLABORACIÓN VECINAL
"La media es de entre cinco y siete chicas por local", cuentan
fuentes de las fuerzas de seguridad. Un cálculo por lo bajo arroja
un saldo de unas 300 chicas chinas que ejercen la prostitución
en Barcelona y su entorno. "Son muy listos. La estructura con que
funcionan es complejísima. Normalmente, el que alquila el piso,
el que inserta los anuncios en la prensa y el que controla el burdel no
son nunca la misma persona", detallan esas mismas fuentes, que además
sospechan que, "aunque a priori cada burdel funciona por su cuenta,
es decir, de forma independiente, tras ellos hay estructuras grandes".
Pese a todo, reconocen que "luchar contra la prostitución
en pisos particulares es complicado". "Es importante que las
comunidades de vecinos denuncien, porque eso nos facilita la intervención",
añaden. De hecho, fueron las denuncias vecinales las que el pasado
11 de febrero abrieron la puerta a la operación conjunta entre
la Guàrdia Urbana y el Cuerpo Nacional de Policía que destapó
la existencia de 17 peluquerías y salones de masajes chinos donde se ofrecían servicios
sexuales.
DE OTRA REGIÓN
En cada operación que han llevado a cabo han descubierto que, como
por encantamiento, las chicas olvidan lo poco de castellano que sabían.
"Solo habla la mami, la madame". Aunque el 70% de los chinos
que residen en España proceden de la región de Qingtian,
no es así en el caso de las jóvenes que ejercen la prostitución,
que son originarias de otras zonas del país.
Pero el fenómeno de la prostitución es solo la punta de
un inquietante iceberg. Según las mismas fuentes policiales, "la
delincuencia china ha pasado a fase expansiva". "Nos preocupa
mucho --revelan--. Chinos y nigerianos son los criminales más difíciles
de investigar". Pero sus esfuerzos les han permitido descubrir que
en Barcelona operan tres grandes bandas criminales y decenas de grupos
más pequeños.
Prueba de que la mafia china es una prioridad es que no pasa ni una semana
en que la Unidad Central contra las Redes de Inmigración y Falsedades
Documentales (UCRIF) de la Policía Nacional no lleve a cabo alguna
operación contra las múltiples manifestaciones de esa hidra
criminal: extorsión, tráfico de personas, piratería,
usura y explotación laboral... Su actividad es tan intensa que
la policía ha constatado que las redes chinas de la inmigración
ilegal captan incluso a españoles, sobre todo pequeños empresarios,
que expiden ofertas de trabajo que permiten conseguir de forma legal contratos
en origen, lo que facilita la obtención del visado.
MODUS OPERANDI
Ese era el modus operandi de la red que fue desmantelada el 17 de febrero
y en el marco de la cual fueron detenidos cinco ciudadanos chinos y un
empresario español del sector inmobiliario. Los inmigrantes pagaban
unos 30.000 euros y el grupo se comprometía a introducir al inmigrante
en España y además a conseguirle la tarjeta de residencia.
El empresario español, cuya sociedad estaba ubicada en Girona,
proporcionaba las ofertas de trabajo y daba empleo a los chinos durante
dos meses haciéndoles trabajar 12 horas al día por solo
40 euros. Después, los despedía. Entonces, la red les hacía
contratos en empresas fantasma creadas para pagar las cotizaciones y para
que a los seis meses consiguieran renovar la tarjeta de residencia.