Madrid - Otras 400
personas han sido arrestadas por estancia irregular desde 2006, cuando
se inició la operación
Agentes de la Policía Nacional han desarticulado la mayor red
de tráfico de mujeres rusas para su explotación sexual
y cuyo destino final era España y otros países de la Unión
Europea. En esta última fase de la operación Zarpa han
participado más de 70 policías y ha concluido con la detención
24 personas acusadas de delitos relativos a la prostitución,
contra los derechos de los ciudadanos extranjeros, agresiones sexuales
o blanqueo de dinero, entre otros. Además, 60 mujeres han sido
detenidas por infracción a la Ley de Extranjería en distintos
clubes de El Ejido y Roquetas de Mar (Almería).
Esta investigación policial comenzó en noviembre de 2006
y, de momento, hay ya 76 personas detenidas imputadas en diversos delitos
relacionados con la trata de mujeres y su explotación sexual
en las provincias de Almería, Granada, Lérida y Gerona.
Además, 400 personas, en su mayoría mujeres, han sido
detenidas por estancia irregular y otras 53 han sido imputadas en Rusia
como miembros de esta organización criminal cuya única
finalidad era el lucro obtenido con la trata de mujeres desde Rusia
para su posterior explotación sexual en España y otros
países de la unión europea.
La operación Zarpa I se desarrolló en el mes de abril
de 2007, en junio de ese año concluía Zarpa II y a comienzos
del presente mes los agentes ponían en marcha el ultimo dispositivo
policial para detener al resto de miembros de la mayor red de trata
de mujeres. Esta fase ha sido posible gracias a los numerosos datos,
indicios, pruebas, declaraciones y denuncias de víctimas obtenidas
por los investigadores en las fases precedentes. Así se han destapado
nuevas ramificaciones de la organización en la provincia almeriense,
relacionadas con establecimientos de ocio nocturnos dónde las
mujeres eran explotadas sexualmente.
Los investigadores han determinado que esta red criminal en España
estaba compuesta por parejas sentimentales o matrimonios hispano-rusos,
a su vez propietarios o explotadores de los locales públicos
de alterne. El hombre era generalmente el encargado de la gestión
del local y su pareja la responsable de contactar con los traficantes
o captadores de víctimas y controlar a las mujeres explotadas
sexualmente.
Como norma general, el pago por cada víctima se realizaba mediante
envíos monetarios a Rusia, donde aparecen diferentes remitentes
y beneficiarios. Cada envío no superaba nunca los 3.000 euros
para evitar ser fiscalizados por las autoridades monetarias rusas o
españolas. Según los análisis de los investigadores,
desde el año 2006 hasta la fecha actual, el dinero remitido a
Rusia por la red podría superar los 2.000.000 de euros.
La organización había creado entidades societarias, mediante
testaferros u hombres de paja, para gestionar y dar apariencia de legalidad
a la actividad ilícita desarrollada en los clubes o locales de
alterne. Blanqueaban el dinero obtenido irregularmente mediante la compra
de numerosos bienes muebles e inmuebles que constan en los registros
de la propiedad a nombre de los imputados como integrantes de la organización
en España.
Estas sociedades permitían a su vez que miembros de la organización
criminal de origen ruso obtuvieran permisos de residencia y trabajo
en España, acreditando ante la Administración el requisito
imprescindible de la oferta o precontrato de trabajo a nombre de dichas
empresas.
Retenidas en pisos "patera"
Las declaraciones de las víctimas y los registros practicados
demuestran que las mujeres eran tratadas como simple "mercancía"
para la obtención de beneficios económicos por y para
los explotadores. Hechos que quedan evidenciados al observar los domicilios
o pisos "patera" donde alojaban a las víctimas. Las
viviendas eran convertidas en "almacenes de personas", en
las que cualquier espacio físico era utilizado como dormitorio,
acoplando en cada habitación el máximo número de
camas con la finalidad de albergar al mayor número posible de
mujeres. En alguna vivienda de tres dormitorios los agentes llegaron
a contabilizar hasta trece camas. Además, las mujeres debían
respetar unas normas ineludibles bajo la amenaza de "multas"
económicas.
Fuente: http://www.impulsobaires.com.ar/nota.php?id=46163