Fuente: La Vanguardia (17 ene.2009)
"Hacía años que no veía a tantas
españolas ofreciéndose como prostitutas"
María, que gestiona una sauna de alto standing, reconoce que la
crisis está afectando duramente a este negocio
La crisis económica alcanza a todo el mundo y a todas las necesidades; incluso a aquellos placeres ocultos. Así lo reconoce María, regente de un local de alterne de alto standing en la Comunidad Valenciana y buena conocedora del mundo de la prostitución, que subraya cómo ha descendido radicalmente la demanda en el sector. "Conozco casas donde han caído los ingresos más de un 70%", anuncia. Al tiempo, María destaca lo que más le ha llamado la atención: "hacía muchos años que no veía tantas españolas ofreciéndose para trabajar en este negocio".
María, Comunidad Valenciana, Más
¿Cómo afecta la crisis al negocio de la prostitución?
Principalmente en la caída de la clientela, que ha sido muy fuerte.
Ocurre, además, que muchos de los que siguen viniendo lo hacen
de manera más espaciada: es decir, si antes venían una vez
a la semana a lo mejor ahora vienen cada quince días o cada mes.
Te pongo como ejemplo que antes te llamaban por teléfono cinco
para obtener información de los servicios y venían tres;
y ahora hay días en que llaman cinco y no viene nadie. Yo he vivido
otras crisis y se muy bien que cuando hay una lo primero que se recorta
gastos es lo que podemos llamar lujos o placeres.
¿Afecta a todas las casas y clubes por igual?
Más o menos. Pero al igual que en otros sectores en este hace más
daño a quien menos nombre tiene. Por lo general, y contra lo que
muchos creen, aquí muchos hombres no vienen sólo por el
sexo; buscan también masajes y algo de compañía.
Si tienes una buena clientela es más probable que aguantes la crisis
que otros clubes que se montaron de la noche al día y ahora han
desaparecido; porque se puede ver en los anuncios de los diarios.
Muchas casas y clubes lanzan ofertas tipo dos por uno o rebajas del 50%
como si fueran electrodomésticos.
Pero eso no funciona mucho tiempo. Al final, son fórmulas para
intentar salvar algo que va mal. Las chicas que trabajan aquí mantienen
los precios, vengan más o menos clientes. Y, de hecho, yo creo
que el cliente no desea tanto que le bajes el precio sino que, tal vez,
la atención sea, al mismo precio, mejor que antes.
¿Habéis notado que ahora vienen más chicas a ofrecerse
a trabajar en vuestra casa?
Si, muchísimas más. Y lo que más me ha llamado la
atención es que son, sobre todo, españolas. Hace no mucho
era muy raro que una mujer española se ofreciera a trabajar de
prostituta; incluso había clientes que iban de club en club buscando
una española. Sin embargo, ahora es todo lo contrario, lo que yo
creo que es un buen síntoma de lo grave de esta situación
económica.
¿Y qué tipo de mujeres españolas se ofrecen?
También me llama la atención que vienen algunas cuya edad
supera lo imaginable, lo que explica su desesperación. Y son mujeres
que no saben que con más de 40 años difícilmente
van a poder trabajar en este negocio. En este trabajo, la edad siempre
corre en tu contra, y son las más jóvenes y bellas las que
van a ser más competitivas.
¿Se da el caso de mujeres españolas que trabajan en otra
cosa y esperan, con unas horas en la prostitución, sacarse, digamos,
un extra?
Si, muchas vienen con esa idea. Creen que pueden estar dos horas haciendo
de prostitutas y así llegar a final de mes. Pero este no es un
negocio de horas, hay que estar todo el día, porque los clientes
no tienen hora fija. Por eso este tipo de mujer no suele encontrar sitio
en este mundo.
¿Se siguen ofreciendo mujeres extranjeras?
Muy pocas, y de hecho también llama la atención como cada
vez son menos las latinas o las mujeres del este que se ofrecen.
¿Ha cambiado el perfil de cliente por la crisis? No, sigue habiendo
de todo. Desde hombres mayores hasta jóvenes de veinte años.
Eso si, cada uno busca una cosa diferente.
¿Cuál es la conversación estrella de los clientes?
La crisis. Vienen muchos agobiados. Te hablan de sus problemas, de sus
deudas, de las dificultades para salir adelante. Al fin, este tipo de
lugares no dejan de ser un lugar de encuentro, un lugar social, donde
se palpan todas las inquietudes de la calle.