España: La prostitución,
el fortín del varón dominante
Un estudio de la Universidad de Vigo establece tres grupos dentro de los gallegos que demandan los servicios de prostitutas.
El demandante de sexo de pago no busca tanto satisfacer sus deseos sexuales como alimentar su ego masculino. Ésta es una de las conclusiones de un estudio realizado por sociólogas de la Universidad de Vigo que revela que la prostitución es el último fuerte del hombre que considera que está perdiendo su poder dominante en la sociedad.
ÁGATHA DE SANTOS - VIGO ¿Por qué los gallegos recurren
a la prostitución? Ésta es la pregunta de base del estudio
realizado por la Universidad de Vigo "Prostitución: clientes
y otros hombres" que ahora publica Xerais y en el que sus autoras,
Águeda Gómez, doctora en Sociología y Silvia Pérez,
Socióloga, establece un perfil discursivo del hombre que recurre
al sexo de pago, es decir, su opinión acerca de las prostitutas
en particular y de las mujeres en general y su conducta hacia ellas. Una
de las conclusiones de esta investigación, realizada a través
de entrevistas de campo a clientes de prostíbulos y grupos de discusión,
es que la prostitución perpetúa los papeles establecidos
por la sociedad patriarcal a hombres y mujeres, según explica Silvia
Pérez.
La satisfacción sexual no es, por tanto, la principal motivación
que impulsa al cliente, sino el deseo de afianzar su papel dominante en
un entorno en el que, por ser quien paga, le atribuye una serie de derechos
y privilegios.
La investigación, que contó con el patrocinio de la cátedra
Caixanova de Estudios Feministas, concluye que el cliente de prostitución
no tiene un perfil sociológico concreto, ya que pertenecen a sectores
de edad, clase social y formación heterogéneos pero sí
determina tres grupos en función de su actitud frente a la prostituta.
El primero alega hipersexualidad y manifiesta un claro desprecio y resentimiento
hacia las mujeres en general. Otro engloba a aquellos que establecen lazos
afectivos con la prostituta y reconocen su dramática situación,
aunque con su demanda continúan perpetuándola.
Hasta aquí, nada que no afirmaran ya estudios anteriores. Pero
hay un tercer grupo que a las investigadoras ha sorprendido sobremanera
y es el de los jóvenes, que conciben la prostitución como
una oferta más dentro de la sociedad de consumo. "El joven
muestra menos empatía que el hombre de mediana edad hacia la mujer
que ejerce la prostitución, a quien considera un mero objeto a
la venta y esto nos parece preocupante en una sociedad que trabaja por
la igualdad entre sexos", explica Pérez, quien recuerda que
frente a la actitud frívola del consumidor se encuentra el drama
de la mujer prostituida.
El estudio revela también que se perpetúan los estereotipos
sobre la mujer: "virgen", "fatal" y "mujer-madre",
que demandan los clientes y que las prostitutas interpretan para ellos.
"Es un círculo sin salida", afirma la socióloga.