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COLOMBIA: La prostitución infantil: Un problema de todos


Fuente: Boletín Alianza por tus derechos (7 abr. 2010)

Texto original

Es inconcebible que aún hoy algunas mujeres tengan como excusa el hecho de permitir que sus hijas se prostituyan a cambio de encontrar la solución a todos sus problemas.

Willian Geovany Rodríguez Gutiérrez

Ese es el caso de cierta familia de estrato bajo que, desesperada por su situación económica, termina ofreciendo a una de sus hijas de tan sólo 15 años de edad a un administrador de un lujoso prostíbulo a cambio de recibir la módica suma de 500 mil pesos por su virginidad.

La única condición que exige dicho administrador es que tanto la madre como la hija firmen un documento donde la progenitora se comprometa que bajo ninguna presión se está forzando a que la niña tenga relaciones sexuales con una persona tres veces mayor que ella y donde la misma menor autorice estar de acuerdo.

Por su parte algunas madres sin dignidad no les importa que sus hijas a corta edad pierdan su virginidad no por el acto consumado del amor sino como prenda de garantía para obtener beneficios económicos por parte de aquellas personas interesadas en tener placer. Por esa razón traigo a colación el siguiente caso:

Hasta dónde ha llegado la situación de una madre drogadicta que por adquirir sustancias alucinógenas termina vendiendo a su hija de tan solo 12 años de edad a un indigente, quien le ofrece sólo mil pesos por tener relaciones sexuales en la calle; con ese dinero la madre de la menor accede a comprar su dosis personal de marihuana, la cual se conoce con los nombres de bicha o moño.

Otras madres de familia no reconocen que violentan su intimidad cuando las obligan a tener sexo con hombres que ni siquiera conocen, situación que ocasiona profundos traumas en la vida de sus hijas, que seguramente nunca desaparecerán.

Desde luego que inducir a sus hijas en ese mundo de la prostitución es conducirlas por los caminos de la perdición, del vicio y la desolación, de donde probablemente no habrá escapatoria, pues una vez que entran a hacer parte de éste se dejan llevar por la vida fácil, el derroche, los lujos y las vanidades con las que aprenden a convivir durante su existencia.

Lo anterior se convierte en una cruda realidad con la que muchas veces somos indiferentes, por la sencilla razón de que pensamos que como esa no es nuestra vida no nos interesa, y llegamos en el peor de los casos a ignorarla. Pese a todo, eso no tiene por qué ocurrir o de lo contrario esa realidad seguirá ensombreciendo la imagen de nuestro país. Ahora bien, como actores sociales nos debería de importar más, debido que no es un problema que sólo pertenezca a esas madres inconscientes sino también a nosotros como ciudadanos, quienes soñamos con que nuestro país cambie y se renueve.

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