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ARGENTINA : El lado de Mar del Plata que no es feliz



Fuente: Página 12 (25 ene. 2010)

Texto original

Una investigación revela que unas cuatro mil mujeres son explotadas sexualmente en 400 prostibulos.

Un video elaborado con cámara oculta por la organización La Alameda muestra cómo funciona la red de trata y las situaciones de explotación sexual y esclavitud. Hoy llevarán la investigación a la Justicia. Piden que se investigue a la policía.

Por Nahuel Lag

Desde esta mañana la Procuración General de la Nación y la Fiscalía General de Mar del Plata tendrán en su poder una investigación que denuncia que esa ciudad no sólo está repleta de hoteles sino también de prostíbulos. Que no sólo se ven miles de mujeres descansando en bikini y ojotas sino que unas cuatro mil –algunas menores de edad y provenientes de otros países–, en portaligas y tacos altos, son explotadas sexualmente, muchas durante las 24 horas. Y que no sólo los restaurantes ofrecen “atención personalizada” y “nivel vip” sino que hay “clubes nocturnos” que también lo hacen con “nuevo staff”, como lo anuncian con volantes en la calle y en los clasificados de algunos diarios. La denuncia presentada por la organización La Alameda evidencia el modus operandi de los prostíbulos (unos 400 en total) a través de un video hecho con cámara oculta –al que Página/12 tuvo acceso exclusivo– donde presenta testimonios de las mujeres explotadas y de los mismos proxenetas. La presentación judicial pide que se investigue si existe complicidad de la policía y de autoridades locales para no detener “el funcionamiento público y notorio” de la red de trata.

La denuncia que hoy será presentada ante el procurador de la Nación, Esteban Righi, y el fiscal general marplatense, Daniel Adler, detalla 94 direcciones en las que se ubican varios prostíbulos, especifica si es un local a la calle o un departamento y ofrece teléfonos de contacto. El video realizado con cámara oculta aporta pruebas sobre la situación de encierro y esclavitud de las mujeres, la presencia de chicas menores de edad y extranjeras y sobre el modus operandi de los proxenetas.

Según se desprende de la investigación realizada por dos voluntarios de La Alameda que entre noviembre y enero recorrieron la zona del barrio La Perla –donde se concentra la mayor cantidad de locales– con una cámara oculta, la primera diferencia que se puede hacer es la de “wisquería” o “privado”, nombres detrás de los que se ocultan dos tipos de prostíbulos.

Las wisquerías aparentan una actividad comercial lícita donde los clientes pueden entrar a tomar tragos y allí dialogar con las mujeres antes de acceder a algún servicio sexual. Mientras que los “privados” son locales que funcionan en casas o departamentos y a los que se llega por los volantes que se reparten en la calle y los avisos en los diarios. En cualquiera de ellos, los precios de los servicios sexuales son similares, “lo que muestra la articulación de una red de prostíbulos”, resaltó Gustavo Vera, representante de La Alameda.

Luces flourescentes rojas, amarillas, verdes, son una característica en la mayoría de los lugares y hasta les dan nombre, como “La casita verde”. El modus operandi también se repite: el proxeneta ordena a las chicas que se “alisten” y ellas aparecen en ropa interior a desfilar frente a los clientes. “Ella no, ella. Es como cuando vas al supermercado”, grafica una de las mujeres que es explotada en una wisquería. Luego el cliente que desea tener relaciones sexuales “acuerda con el encargado del local el precio y lo abona a dicha persona, nunca a la mujer”, resalta la denuncia.

Sin embargo, los testimonios prueban que en los “privados” las mujeres esperan a los clientes en las piezas y pocas veces pueden realizar “salidas”, es decir que un cliente se lleve a una de las mujeres fuera del local.

–¿Trece, 14 horas trabajás? –se oye preguntar en el video a uno de los hombres que hizo la investigación de La Alameda.

–Yo trabajo 13 horas, las chicas están las 24 horas –responde una de las chicas.

–¿Cómo 24 horas?

–Viven acá adentro.

–¿Viven acá adentro? ¿Qué chicas, las que vienen de afuera?

–Claro, ellas dos son paraguayas.

–Si se quedan las 24 horas, ¿hay gente todo el tiempo?

–Sí, y más en temporada.

–¿Las chicas no duermen?

-Claro, duermen. Se despiertan cuando viene gente.

Como surge de otro de los diálogos del video, las chicas son una “plaza” no estable y rotan entre los locales de la red de prostíbulos, en la que varios locales pueden pertenecer a un mismo dueño. “Mar del Plata es un lugar de tránsito. Llegan chicas del norte del país, de Paraguay, de República Dominicana. Las explotan una temporada y después siguen hacia el sur del país o las venden”, advirtió Vera.

Y no sólo de mujeres extranjeras están nutridos los prostíbulos marplatenses: “Menores de 14, 16 y 17 años trabajando encerradas con retención de documentos hay en Mar del Plata y en todos lados”, afirma la mujer de la wisquería “La casita verde”.

A partir de los testimonios obtenidos, La Alameda apunta a que se investigue la supuesta responsabilidad de las autoridades policiales que actúan en Mar del Plata. Los dueños y encargados de los prostíbulos, señala la denuncia, “habrían contado con la aquiescencia de las autoridades policiales”.

En un tramo del video, un diálogo con otra chica en un local evidencia esa presunta relación:

–¿Pasó que cayó la cana? –quiere saber el investigador que tiene la cámara oculta.

–Acá vení las veces que quieras. Nunca pasó nada, la dueña atiende a los comisarios de todos lados.

Pero la denuncia no sólo se detiene en la complicidad sino que avanza sobre las leyes que la policía incumpliría “teniendo conocimiento de la existencia del fenómeno de la trata de personas” y por lo que podría investigarse a los uniformados “por omisión”. Entre esas leyes incumplidas estarían la de profilaxis, la de migraciones, la de reducción a la servidumbre y la ley contra la trata, sancionada en 2008.

Por ejemplo, la ley 12.331 de profilaxis prohíbe las “casas de tolerancia” y prevé multas o condenas penales contra los proxenetas. En la denuncia de La Alameda se señala, por ejemplo, que el prostíbulo “La Casita Azul” “continúa funcionando a pesar de los procesos penales” sobre su responsable.

Además, la denuncia adjunta un listado de 240 acciones policiales –entregados a Gustavo Vera por el jefe de la Distrital Centro, Gustavo Salvá– en las que se repiten acciones contravencionales contra las meretrices. “La ley establece la impunidad de la mujer que ejerce la prostitución y castiga el proxenestismo. Sin embargo, hay una suerte de distorsión por parte de la policía que lo que hace es imputar a las mujeres y no lleva adelante la clausura de los locales conforme a la ley”, explicó el abogado de La Alameda, Mario Ganora.

Con la denuncia también se solicita la investigación de las autoridades municipales y en particular al personal de la Inspección General por “las obligaciones que les caben en virtud del deber de tutelar la seguridad, la moralidad y la higiene de los locales”.

Llevando clientes

Entre los avisos clasificados del diario no sólo aparecen fotos de mujeres semidesnudas con frases como “hermosas amazonas para vos”. Una empresa de taxis que anuncia sus “servicios especiales” en los clasificados actúa, según figura en la denuncia, como colectora de “clientela” gracias a su contacto permanente con los turistas y “hasta reciben una paga por cada cliente que acercan a los prostíbulos”, apuntó uno de los investigadores en diálogo con Página/12. Algunos fragmentos del video presentado ante la Justicia son exclusivamente charlas con algunos taxistas y acreditan el conocimiento que tienen sobre la actividad en los locales:

–Vamos a ver unas chicas... –pide el investigador de La Alameda.

–Acá tenés un montón de posibilidades. Tenés un poquito de cada cosa. Es según de cómo hayan hecho “la plaza”, cómo hayan cambiado todo –explica el taxista sobre las mujeres que se encuentran en los prostíbulos.

–¿Van rotando?

–Claro, van rotando. Por ahí tienen otra casita en otro lado y, entonces, a las chicas de allá las traen para acá y las de acá las pasan para allá.

–¿Y pendejas?

–Los “privados” éstos son todos truchos. Hay algunos que tienen pendejas de 21 a 27. Hay otros que por lo que me dijeron, porque no he podido bajar, hay veteranas. Digo, ¿cómo veteranas? Si me dijeron que tenían paraguayitas... –simula un diálogo el taxista.

Según el testimonio de los investigadores, el trabajo de los taxistas es fluido en el barrio La Perla y el horario de mayor demanda es a partir de las 5, cuando los potenciales clientes salen de las discotecas. Sin embargo, no sólo llegan en taxi: “Pueden aparecer autos costosos de último modelo con hasta tres hombres, que rondan entre los 20 y 35 años”, relató uno de los investigadores de La Alameda.

–Reventaron un par de “prostis” acá. Salió en los diarios y todo –indaga el investigador a un taxista.

–Claro, pero son los que no pagan cuota. Para hacer popularidad los revientan. Entonces, después pagan la cuota y vuelven a tener, otra vez, el boliche abierto.

“Alguna línea siempre te hacen”

A partir del recorrido que los investigadores de La Alameda realizaron por los prostíbulos, los testimonios registrados en el video agregan a la red de prostitución un negocio ilícito más: la venta de droga.

–¿Corre mucho la droga? –se pregunta en el video.

–Es una rutina que tiene el boliche. Es como que si no hay, por ahí no están con la misma onda (por los clientes). Vos no sabés la cantidad que se mueve acá adentro... Acá adentro y en cualquier lugar. Andate al puerto...

“Es un circuito bastante cerrado. Las chicas más jóvenes hacen un silencio de tumba cuando se les pregunta sobre cómo conseguir droga. El asunto de la droga lo manejan más los patovicas o los dueños de los lugares y para alguien que es habitué de un lugar es más fácil conseguir. Las chicas reconocían que algunos clientes les llegaron a convidar”, relató uno de los testigos en dialogaron con Página/12. Según relata la denuncia, las dos personas que realizaron las cámaras ocultas están dispuestas a declarar con el cumplimiento del resguardo de testigos que contemplan las leyes sobre trata.

Como indicó el testigo, la manera de acceder a la compra de drogas –cocaína, la mayoría de las veces– es a partir de la confianza de un cliente habitué y de conocer los códigos: “papusa”, “darse un corto”, son las maneras de pedir que se señalan en los diálogos del video. “Es la única que siempre van a entender. Tenés que encontrar la vuelta de cómo charlar con ellas. Alguna línea siempre te hacen. En el puterío siempre hay”, indica un taxista en la grabación. Un bar y las travestis en la zona del barrio La Perla son las opciones de compra señaladas.

Una trama oscura

Por Carlos Rodríguez

Durante todo el año, pero sobre todo en verano, la oferta de sexo en Mar del Plata tiene más variantes de calidad, cantidad y precio que la gastronomía o los espectáculos teatrales. “Se buscan señoritas con o sin experiencia para lugar zona Casino. Toda la onda y el mejor trato”, dice uno de los 35 o 40 avisos que, a diario, se publican en el matutino La Capital, para incorporar mujeres a esa picadora de carne que es el negocio de la prostitución. El diario local, que siempre brega por “moralizar” la noche marplatense, tiene no menos de cuatro páginas diarias, en el suplemento de clasificados, con casi 400 avisos en los que se ofrecen mujeres, hombres, travestis, parejas de lesbianas de Argentina, Colombia, Brasil, Paraguay, Rusia o República Dominicana. Las mismas direcciones que obtienen los clientes que se comunican con los números que se publican en los avisos son las que aparecen luego en la prensa en el marco de un operativo policial en el cual “dos jóvenes paraguayas”, por ejemplo, fueron “liberadas” de la esclavitud sexual a la que eran sometidas en un “departamento privado”.

Todo esto ocurre en una ciudad que tiene el antecedente de siete asesinatos y siete desapariciones de mujeres, muchas de ellas prostitutas, ocurridos desde el 2000 en adelante. Al comienzo, la policía adjudicaba los hechos a un inexistente asesino serial denominado “el loco de la ruta”, hasta que la Justicia determinó que había organizaciones criminales integradas por uniformados que tenían vinculación con los casos.

En una causa judicial iniciada en 2001 en la que se investigaba el asesinato de tres prostitutas, el juez federal Pedro Hooft llegó a citar como imputado a un policía, por su presunta participación en al menos dos de los crímenes. El mismo juez había dispuesto antes la detención del mismo policía y de otros siete por los delitos de “asociación ilícita” por ser organizadores de una red de prostitución. También se los acusó de extorsión porque se comprobó que les quitaban dinero a las chicas a cambio de “protegerlas” del accionar del inexistente “loco de la ruta”.

En la Justicia marplatense hay cerca de treinta causas abiertas por el delito de “trata de personas” que se iniciaron contra los presuntos responsables de un gran número de “departamentos privados”. Uno de los casos debería llegar a juicio oral en febrero, aunque se presume que se hará un “juicio abreviado”, por un delito menor y excarcelable. El caso es paradigmático porque reúne a víctimas adultas traídas con engaños desde Paraguay, a una menor que llegó del mismo modo a la Argentina y a un supuesto responsable, un no vidente que asegura –como es obvio por su propia condición– que él no veía nada de lo que ocurría a su alrededor.

Esta causa se inició el 27 de agosto de 2008 luego del allanamiento a un “privado” de Alvarado al 300, donde encontraron a seis chicas paraguayas y una brasileña de entre 20 y 23 años. También encontraron a una joven de 17 años que había ingresado al país por 90 días, autorizada por su madre, con el único fin de realizar “actividades turísticas”. Todas reconocieron que ejercían la prostitución y que sólo salían del departamento si iban acompañadas por la “encargada”, una compatriota de ellas llamada Gloria, que las había reclutado en el Paraguay. Fueron detenidos Gloria y Raúl, un hombre de 48 años, ciego. Ambos fueron acusados de ser los responsables del lugar.

Gloria relató que ella había llegado a Mar del Plata en 2005, para trabajar como prostituta en un privado de la calle Berutti, donde conoció a Raúl como cliente. Luego, los dos instalaron el prostíbulo de la calle Alvarado. Raúl negó toda vinculación con el comercio y dijo que su papel sólo fue el de subalquilarle el departamento a Gloria, a quien lo unía una relación que va “más allá de la amistad”. Raúl sostuvo en su defensa que “una persona no vidente no podría manejar un negocio así”, en relación con el prostíbulo. Sobre los viajes al Paraguay junto con Gloria, los dos alegaron que sólo iban a visitar a la familia de ella y que podían hacerlo por las franquicias que tienen, al adquirir pasajes aéreos, los discapacitados y sus acompañantes. Gloria admitió que también iban para supervisar la marcha de la construcción de una casa propia en Ciudad del Este.

Raúl está con prisión domiciliaria, en razón de su condición de no vidente, mientras que Gloria sigue detenida en una cárcel común. Gloria siempre juró que sólo era “una chica más” en el prostíbulo y aseguró que la adolescente de 17 años realizaba “tareas de limpieza y comida”. La menor, en cambio, admitió que había venido sabiendo que trabajaría como prostituta. Su única preocupación, cuando tuvo que regresar al Paraguay, era que volvía “con las manos vacías”, sin dinero, y que su padrastro se iba a enterar de todo. Los investigadores comprobaron que el nombre de ficción de la chica era citado en los clasificados del matutino La Capital. Hasta hace poco, en los avisos ofreciendo “trabajo” en los privados se dejaba constancia que las postulaciones eran “sin límite de edad”.

En los avisos, además, se prometen ingresos que rondan los “200 pesos por día” y que los pagos son diarios. La fiscalía demostró en esa causa que “el 50 por ciento (de lo recaudado por las chicas) corresponde a los explotadores”, mientras que al 50 por ciento de las jóvenes “se le descuentan los gastos de vivienda, comida, ropa, limpieza y hasta los preservativos” que se usan. Tampoco reciben el dinero que resta, luego de los descuentos, porque “el encargado” lo conserva en su poder para evitar que ellas realicen “gastos superfluos”. Lo poco que queda lo envían los encargados, por giro, a los familiares de las víctimas.

En su acusación, la fiscalía sostuvo que el hecho de que las víctimas supieran de antemano que venían para ejercer la prostitución “no atenúa la conducta delictiva” de los imputados. En cambio, consideró que ellas son “vulnerables al sometimiento de los autores del delito, siendo esa misma vulnerabilidad la que las conduce a admitir esa explotación con el convencimiento de que ésa es la única manera de la que podrán salir de la situación en la que se encontraban viviendo”. Esta causa debería llegar a juicio oral en febrero, pero lo más probable es que las partes acuerden una pena menor en un juicio abreviado por acuerdo entre la defensa y la fiscalía. Ese podría ser el final de la mayoría de las causas iniciadas en Mar del Plata.