ARGENTINA : Misión entre las "preferidas" del reino
Fuente: Vida Religiosa. vol 107 n° 9 nov.2009
«La mujer alcancía» La sala a
oscuras y la pantalla se ilumina, aparece una estatua de una mujer desnuda,
blanca, totalmente despojada. Sólo se escuchan los latidos del
corazón. Una mano masculina se acerca y la sujeta casi cubriéndola,
con la otra mano deposita una moneda que cae con el típico sonido
de una alcancía. Así, distintas manos hacen lo mismo como
parte de un ritual y con cada mano que se le acerca, la estatua se va
transformando, como si el paso del tiempo acelerara un proceso que deja
un cuerpo corroído y desfigurado.
De pronto, por última vez, la misma mano la cubre y se aleja, esta
vez en lugar de otra moneda, con el golpe certero de un martillo la destroza
en mil pedazos.
“La prostitución no es un trabajo”.
Silencio en la sala, se enciende la luz y sólo miradas, las palabras no hacen falta para saber y constatar que no estamos solas en esta misión de acompañar a las mujeres en situación de prostitución y trata de personas con fines de explotación sexual.
Las Oblatas están en “lugares de frontera”, en
los centros antiguos de las ciudades donde se ejerce la prostitución,
en los barrios periféricos, en centros de atención a las
adolescentes y jóvenes en situación de riesgo, ayudando
y acogiendo a las madres solteras y a las mujeres maltratadas. Actualmente
trabajan en 15 países repartidos por Europa (España, Italia,
Portugal), América (México, Uruguay, Argentina, Brasil,
Estados Unidos, Venezuela, Colombia, Puerto Rico, República Dominicana,
Guatemala), Asia (Filipinas) y África (Angola).
(Francisco J. Caballero entrevista a Olga Colipe, responsable de un proyecto que sana y dignifica a la mujer que ejerce la prostitución en Buenos Aires)
( Esta desafiante misión que tenéis dentro de la Iglesia
¿cómo la vivís?
Estamos juntas para hacer vida el carisma, la espiritualidad y la misión
que la Iglesia nos confía como Oblatas del Santísimo Redentor,
que no es otra cosa, que encarnar los sentimientos de Jesús con
la mujer señalada como pecadora, acusada por una sociedad hipócrita
que usa y deshecha. La mirada de Jesús se extiende desde lo que
escribe su mano en la arena hacia el rostro de la mujer. Sus ojos profundamente
misericordiosos son capaces de llegar al corazón del ser humano
y darle el perdón, la paz y el amor que sana y dignifica. Nuestra
misión es un reto constante pero también un desafío
personal e institucional. Algo que nos está siendo de gran ayuda
y potenciación es la apertura a la formación conjunta con
los laicos. Esto nos ha posibilitado e impulsado a la reflexión
y al compromiso concreto para continuar abriendo las puertas a la
misión.
Compartir la misión como Iglesia, nos enriquece y fortalece cada
respuesta, desarrolla la creatividad y la solidaridad. Cuando, como Iglesia,
abrimos la puerta del corazón y de nuestros proyectos a cada mujer
en situación de prostitución tenemos la certeza de que es
Dios el que obra maravillas en cada una de ellas.
( En vuestra formación hablas de misión compartida ¿Podrías
decirnos cómo la estáis llevándo a cabo?
Esta experiencia de mirarnos y constatar que no estamos solas lleva un
recorrido de 13 años. Para llegar a ver esta propuesta, hizo falta
que allá por 1996, las hermanas comenzaran a recorrer un camino
de formación conjunta con laicos de los distintos proyectos de
misión. La presencia del laicado y hermanas de Brasil, Uruguay
y Argentina, hace de cada uno de nuestros encuentros un nuevo Pentecostés,
cada uno hablaba en su idioma y todos nos entendíamos perfectamente,
echando por tierra los mitos y prejuicios de las fronteras geográficas.
El laicado valora mucho estos espacios que les brindan herramientas para
trabajar temas tan movilizadores y a la vez poder estar atentos por si
hubiera casos dentro del alumnado. Sin duda, es una riqueza y una gracia,
tanto para religiosas como para laicos realizar el trabajo de manera conjunta.
( En la formación y proyectos la sensibilización es un
elemento fundamental. Visualizábamos el spot de la “Mujer
Alcancía”. Sin duda estáis llevando una labor de sensibilización
con los más jóvenes.
El spot de la «mujer alcancía» fue realizado por alumnos
de quinto año de secundaria del colegio Schönthal, ubicado
en Buenos Aires.
Este es uno de los frutos recogidos después de un largo proceso
de sensibilización sobre género, derechos humanos, prostitución
y trata de personas con fines de explotación sexual. El colegio
Schönthal, también ha creado una serie de murales, varios
videos y spots publicitarios sobre género, abuso sexual, prostitución,
entre los cuales se encuentra éste.
La creatividad de los más jóvenes es un regalo y un acicate
para nuestra misión.
( Acompañar la vida donde es más violentada no es fácil.
¿Qué os hace permanecer y acompañar situaciones de
tanto conflicto y dolor?
En 1864, el soplo del Espíritu impulsó a José Mª
Benito Serra, monje benedictino, misionero y Obispo de Daulia, a contemplar
la realidad de las mujeres que estaban en situación de prostitución,
enfermas, en el Hospital San Juan de Dios, en Madrid. Después de
buscar muchas alternativas decidió asumir un compromiso concreto
con lo que le tocaba ver y acompañar espiritualmente.
Antonia Mª de Oviedo y Schönthal, institutriz de las hijas de
la Reina Cristina, asumió el desafío de abrir el primer
asilo para las mujeres, en Ciempozuelos, España.
Esta Ruah continúa avivando el fuego, dejando oír sus gemidos
inefables en cada una de las mujeres que encontramos en las “paradas”,
hoteles, plazas y nos permite escuchar sus gritos en quienes están
esclavizadas por las redes de trata de personas con fines de explotación
sexual.
La misión nos invita siempre a salir al encuentro, hacer camino
y ser caminantes, como los discípulos de Emaús. Antes de
emprender la caminada, supone un aligerar el equipaje, vaciar la mochila
de todo lo que puede entorpecer el encuentro.
No sabemos qué sorpresas nos quiere regalar el Señor. La
tarea es tan sencilla como ofrecer un lugar donde las mujeres encuentren
una mirada, una sonrisa, una palabra, ser llamadas por su nombre, preguntadas
por sus hijos, felicitadas por su cumpleaños, sentarnos con ellas
en un banco de la plaza o en los umbrales de las puertas y escucharlas.
El Espíritu sopla. “¿No sentíamos arder nuestro
corazón cuando nos hablaba en el camino…?” (Lc 24,32).
Después de cada encuentro regresamos con la certeza de que el Dios
Vivo está presente en cada una de ellas. Y esto es lo que nos ayuda
a permanecer.
( La fidelidad al carisma requiere una adaptación continua ¿Cómo
conjugáis la misión recibida con los signos de los tiempos?
Nuestra congregación, como la mayoría de las familias religiosas,
continuamente está dando pasos en fidelidad al carisma y misión
recibidos. Apostando por las mujeres ante las que Dios nos invita a descalzarnos
porque es la tierra donde Él habita y el misterio donde Él
elige revelarse. Hemos ido haciendo camino, escuchando su Voluntad: “Manda
tu Sabiduría, envíala desde el cielo, para que esté
a mi lado en mis trabajos y sepa lo que te gusta. Porque ella todo lo
conoce y lo comprende, ella me guiará con prudencia en todo lo
que haga y su majestad me protegerá”, Sab 9,10-11. Permitiendo
que la realidad de las mujeres nos sacuda por dentro, desde la vida en
comunidad, construyendo espacios de oración, de sororidad, de escucha
atenta, de contención y de renovar las fuerzas. Intentando hacer
realidad la pedagogía del Amor, como legado de madre Antonia, con
ternura y paciencia, poco a poco, hacer vida el
nombre que ella asumió como oblata: Misericordia. El impulso que
nos dan las voces de las mujeres que ejercen prostitución llena
nuestro silencio, las escuchamos, visualizamos sus rostros y sus manos
buscando nuevos horizontes.
( ¿Cómo es tu vivencia con las mujeres que ejercen la prostitución?
Consideramos que las mujeres están en una situación de explotación
que puede cambiar. No es un estigma, ni es algo inherente al nacimiento
como el color de la piel. La gran mayoría de las mujeres que acompañamos
en la tarea pastoral no han elegido libremente su actividad. El convencimiento
de que Cristo Redentor es quien transforma la vida de las mujeres en situación
de prostitución, nos impulsa a estar continuamente en búsqueda
de nuevas respuestas, nuevas formas de encarnar hoy y aquí este
tesoro que Dios nos ha confiado. He aprendido mucho a lo largo de mi vida
de oblata, sobre todo de la solidaridad que derrochan a manos llenas las
mujeres. Pueden vivir en una habitación de hotel semi-derruida,
y sin embargo siempre hay lugar para albergar a una compañera.
Frente a la urgencia de un desalojo o una noche de lluvia, una silla,
un espacio, una taza de café caliente. Aprendí la capacidad
para “ponerme en los zapatos de la otra persona” y así
comprender que, a veces, lo que a simple vista parece importante, no lo
es tanto, comparado con permanecer al lado de alguien que nos necesita.
( ¿Cómo sitúas tu ser-consagrada con las mujeres
que acompañas?
Te voy a contar lo que me decía hace poco una de las mujeres: “con
nadie podemos hablar de estas cosas, de lo que nos pasa a las mujeres
que hacemos esto, ni siquiera con nuestras parejas…”
Cuando me comunicaba esto en mí resonaba poderosamente el texto
de Ex 3, 7: “He visto la humillación de mi pueblo, he escuchado
sus gritos cuando lo maltrataban…Yo conozco sus sufrimientos y por
esta razón estoy bajando para librarlo…” Recoger las
lágrimas de las mujeres que estuvieron en cautiverio, viviendo
en un sótano, comiendo una vez al día, recibiendo sin horarios
a los consumidores de esclavas que, al igual que la mujer alcancía,
van minando su dignidad, su ser persona, hasta transformarla en un conjunto
de piezas rotas. Acompañarlas en el camino de regreso a la luz
del sol, al abrazo desinteresado, a la misericordia que no crea deudas,
a ser dueñas de su vida, sus horarios, su lugar-espacio y su futuro.
Mi consagración cobra sentido en el seguimiento a Cristo Redentor
a través de estas mujeres, formando parte de esta familia religiosa,
viviendo en comunidad y compartiendo, codo a codo, la misión recibida
con el laicado. Es ese llamado el que sigue quemando y el que me impulsa
cada día a ponerme en marcha con nuevas energías.
( Un mensaje para terminar…
(Para finalizar, quisiera recordar que esta misión es de la Iglesia,
por lo tanto cada uno tiene parte y responsabilidad para llevarla a cabo.
Yo les conté lo que nosotras ofrecemos y recibimos de la misión,
pero hay otra parte que le corresponde al resto de la Iglesia, a la sociedad,
a los gobernantes, al pueblo de Dios. Todo esto implica un cambio de mirada.
Sería necesario que cada uno se pregunte: ¿cuál es
mi lugar y qué
puedo hacer para cambiar la historia, la situación de las mujeres
que vemos en nuestras calles, plazas, hoteles?